Jueves 14 de Abril de 2011
Concurrí a la empresa Caramuto a fin de hacer los trámites correspondientes para realizar el velatorio de mi abuela, Braulia Fernández. Por disgusto para mí, fui atendida por uno de sus empleados de nombre Pablo, quien me atendió con frialdad, con arrogancia y altanería, como si fuera a regalarme algo. Me ofreció varias opciones: 1) Comenzar el velatorio a las 7 en una sala pequeña (una porquería, ya la conozco) y realizar el traslado, con todo lo que ello implica, a las 11.30 a otra sala un poco mejor (trasladar a mi abuela como si fuera un paquete). 2) Comenzar el velatorio a las 11.30 en una sala común, le dije que no, ya que mi abuela había fallecido a las 23.50 de la noche anterior, por lo que mi querida abuela tendría que estar sola casi 12 horas sin frío, porque la empresa no posee morgue ni sala con frío. 3) Abonar 1.500 pesos donde su velatorio comenzó a las 6 AM en una sala mejorada, segun ellos (que es mentira), con un coche fúnebre más de acompañamiento y la publicación del aviso fúnebre en este diario, y no como en los anteriores casos que correspondía el aviso en el diario El Ciudadano. Me ofrecían hacerle un acondicionamiento de 600 pesos más para que el cuerpo esté en condiciones (todo para sacarme más plata). En mi ignorancia supuse que le colocarían alguna inyección y nada mas, en ese momento, donde uno no sabe ni donde está parado, dije que sí. Sin previa explicación del procedimiento, que más tarde supe que se llama tanatopraxia, le realizaron un corte en el cuello y le extrajeron líquidos, sangre, agua y gérmenes contaminantes con químicos especializados. Por eso les digo que pregunten, que averigüen. De hecho no se lo hice hacer, a mi parecer era innecesario y aberrante, además de patético. ¿Cómo, no era que por haber esa madrugada tantos fallecidos no había suficientes salas disponibles y después de abonar apareció una de inmediato en un horario adecuado? Hablamos con Felix, jefe de Servicios al Cliente, quien nos aseguró que Caramuto es una empresa con fines de lucro. No nos queda dudas ya que por el plan que tenía mi abuela no nos correspodía abonar nada. Ella valía y vale oro, y pagaría y daría hasta lo que no tengo o lo que fuera necesario por tenerla de nuevo conmigo, pero si escribo esto es por la indignación que me dio esa empresa, que lucran con el dolor ajeno y además te tratan despectivamente.
Julieta Andrea Gouthier, DNI. 25.648.869