Jueves 21 de Octubre de 2010
La inflación, el desempleo, la inseguridad, la apreciación monetaria, son los factores que más preocupan a la población. Y todos nos preguntamos por qué no salimos nunca de este infierno, que ya quedó crónico en la gente. ¿No será que hacemos una política económica para empobrecernos y no para crecer y brindar bienestar y seguridad a la población? Remitiéndonos al comportamiento de las grandes potencias, que en momentos que asoma un clima enrarecido en materia económica toman medidas tajantes y se convierten en imperceptibles para sus habitantes, todos los males deben ser combatidos. Hay muchas armas disponibles para que en el corto plazo todo se normalice y avancemos junto a las grandes potencias mediante exportaciones, con alto porcentaje de valor agregado, con salarios elevados por la gran demanda de mano de obra, sin déficit fiscal por alto consumo interno y competitivos para las exportaciones con los capitales puestos a disposición de la producción. Esto, que parece imposible, se logra aplicando un sistema financiero donde el Banco Central esté presente para todos los emprendimientos existentes y nuevos, transformación de nuestras materias primas y para el consumo, la construcción, motor esencial junto a la industria automotriz para la creación de fuentes de trabajo. Son innumerables los beneficios que se obtienen con sólo aplicar una tasa por parte del Banco Central de la República argentina (BCRA) del 0 por ciento para los bancos y del 0,25 por ciento para los préstamos a empresas, para la vivienda y todo otro tipo de consumo. Es la forma de convertir una economía improductiva en una de alto consumo y crecimiento, sin subsidios de ninguna naturaleza, que siempre son provisorios y no resuelven la cuestión de fondo.
Tomás Gluck