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Empleados del área de salud piden ser trasladados de barrios inseguros

Una enfermera recibió un "fierrazo" en la espalda, en Ludueña. El sindicato municipal dice que es una tendencia en aumento, pero el municipio asegura que son “casos puntuales”.

Miércoles 16 de Enero de 2013

Una enfermera del centro de salud Roque Coulin, de barrio Ludueña, recibió “un fierrazo” en la espalda al dejar su lugar de trabajo. Fue ayer al mediodía en ocasión de robo y la mujer necesitó asistencia y contención. Tres meses atrás, dos enfermeras salieron del centro de salud Namuncurá, en José Ingenieros al 8500, para atender a un anciano enfermo, un trío de jóvenes “las agarró a culatazos para sacarles el teléfono” y no quisieron volver a pisar el lugar. Según denunció el Sindicato de Trabajadores Municipales de Rosario, en los últimos meses, y a causa de la violencia, aumentaron los pedidos de traslado por parte del personal.

Sin embargo, el subsecretario de Salud del municipio, Leonardo Caruana, destacó ayer que “si bien hay situaciones puntuales de pedidos de traslados, no se trata de una tendencia en aumento”.

El funcionario explicó que lo que sucedió con la enfermera atacada en inmediaciones del centro de salud de barrio Ludueña, “fue un hecho que no tiene que ver con la violencia en el área de salud. Se trató de un intento de robo a una enfermera que trabaja en el policlínico San Martín y estaba haciendo un reemplazo en el centro de salud de Ludueña. Ella no pidió ningún traslado, es más, hoy irá a trabajar al policlínico”.

Caruana fue más allá y detalló que “se conformaron espacios de diálogo con el sindicato en los que no se ha planteado formalmente una realidad que de cuenta de un aumento de pedidos de traslado del personal por cuestiones relacionadas a la violencia”.

“Hay situaciones puntuales. Hubo una enfermera que pidió un cambio y una médica, pero no se puede decir que aumenta este tipo de pedidos”, puntualizó.

En números. En Rosario hay 50 centros de salud (atención primaria) distribuidos en los seis de Distritos, uno en el Centro y a razón de 7 y 12, en los restantes, en los que trabajan 920 personas entre profesionales de distintas especialidades, enfermeros y mucamas. La mayor parte de estos lugares atiende de 7 a 19. Salvo el policlínico San Martín, donde desde hace 70 años hay guardia las 24 horas. El 20 por ciento de estos lugares está considerado “zona roja” por parte de los trabajadores que padecen junto a los habitantes del barrio el desmadre de sectores entrampados entre el delito y la droga.

Críticas. “Las condiciones de trabajo son lamentables, antes estos centros eran lugares intocables, ahora no se respeta nada”, comentó el subsecretario gremial del Sindicatos de Trabajadores Municipales de Rosario, Juan Manuel Basso. Además, dijo que tres meses atrás elevaron un informe de situación a Salud Pública, pero “no pasó casi nada”. Desde el gremio descreen que haya ocho mil personas volcadas a la demanda social de los sectores excluidos. “¿Estarían pasando estas cosas si eso fuera así”, se interrogaron.

   ¿Por qué se convierten los centros de salud en escenarios de agresiones? Para Basso, la respuesta hay que buscarla por la acción/omisión, “De alguna manera la única presencia del Estado sigue siendo en salud pública y ahí la gente lleva todo tipo de demandas que generan violencia y a las que por supuesto, quienes trabajan no pueden dar respuesta”.

Tierra de nadie. “Vienen, ponen el arma arriba de la camilla y dicen: atendeme”. La escena es conocida en la guardia permanente del policlínico San Martín, de Chubut y Guatemala, en barrio Belgrano. Allí, después de las 19 quedan cinco personas para las cuales la presencia policial es imprescindible y para lograrlo el jueves pasado tuvieron que hacer atención mínima.

   Este policlínico está dentro del ranking de los centros calientes, más aún, entre los primeros puestos, con una guardia que atiende 200 consultas diarias, cuatro y tres veces más que igual ámbito de los hospitales Alberdi y Carrasco. Hasta el jueves pasado no conseguían policías y la protección era un vaivén. La situación cambió cuando dijeron que si no había seguridad iban a cerrar a las 19.

   Las historias violentas en ese lugar incluyen incursiones de delincuentes heridos y de sus adversarios, con balaceras imprevistas que sólo de milagro no alcanzan a los pacientes, entre ellos los niños, que deben rodar al suelo o parapetarse. “Una vez entró una moto por la rampa haciendo willy (en una rueda) hasta romper la puerta de la guardia para balear a un herido”. De ese tono son las vivencias que acumulan.

A resguardo. “Reivindicamos la tarea que hacen los trabajadores de los centros de salud, a pesar de las condiciones en las que tienen que trabajar, funcionan gracias a ellos porque faltan otros espacios”, analizó el portavoz gremial.

Y a modo de ejemplo relató que en la inundación de tres semanas atrás fue el personal del centro de salud La Lagunita el que evacuó a los vecinos. “No hubo nadie de las otras áreas, si eso no es un ejemplo de ausencia...”, enfatizó Basso.

Algo es seguro, la polémica está planteada y el espiral de violencia sigue creciendo y pide a gritos una contención.

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