Emblemas de miseria
El Bicentenario nos encontró con muchos adelantos tecnológicos, viales y urbanísticos; con algunas leyes que cambiaron la historia, pero también con cuestiones que la gente sufre o ve sufrir a otros.

Jueves 10 de Junio de 2010

El Bicentenario nos encontró con muchos adelantos tecnológicos, viales y urbanísticos; con algunas leyes que cambiaron la historia, pero también con cuestiones que la gente sufre o ve sufrir a otros. Las comunidades de los pueblos originarios sin agua y casi sin comida; la desnutrición; la deforestación; la contaminación del aire, del suelo, de los ríos y de las napas; los problemas de los glaciares y la minería; los chicos que como decía el mendocino Armando Tejada Gómez "a esta hora exactamente" ponen en riesgo sus vidas esquivando autos tras la caza de unas monedas; la nueva profesión de las esquinas: esa de los malabaristas y lavaparabrisas; son tristes imágenes ante las que, de tanto contemplarlas, a veces muchos nos hacemos los distraídos. Los carritos, tirados a mano o arrastrados por caballos que suelen ser esqueletos vivientes, van y vienen por la ciudad en dramática procesión llevando su pobre carga; pero lo que es peor, portando niñas, niños y mujeres que salen a buscar todos los días algo para subsistir. En muchos casos, el lugar de residencia de ellos es la villa; ese reducto que es el paradigma de políticas equivocadas a través de largos años. La villa es habitada por numerosas familias compuestas por gente honesta que (en su mayoría) no tienen ni tendrán la posibilidad de una vida, digna de buenos ciudadanos. En la villa, o mejor dicho, en uno de sus personajes, se inspiró Horacio Guaraní para componer su celebra canción: "La villerita". Espero (tal vez como gran iluso) que dentro de algunos años ningún poeta encuentre motivo de inspiración en estos sitios, verdaderos emblemas de miseria.

Edgardo Urraco, urracoweb@latinmail.com