Jueves 14 de Enero de 2010
"En la Argentina se ven cosas que nunca se vieron en el mundo, como que mi vicepresidente sea el principal candidato de la oposición", manifestó la presidenta de la Nación, Cristina Kirchner, Recuerdo al Negro Fontanarrosa escribiendo para Les Luthiers con tanta razón, aquello que tomó tanta trascendencia como que "sos parte de la solución o sos parte del problema". En todo caso, ambas le competen a Cristina. Considerando causas y antecedentes, a priori ,su culpa es superlativa. Se tiene culpa por negligencia, impericia, imprudencia o inobservancias. No puede alegar inimputabilidad dado el cargo que ocupa, por demás, concluyentemente, el atenuante seria su perdición. La otra salida es mirar para otro lado y buscar allí el culpable. En ese caso suele suceder esto con las decisiones ejecutivas y los funcionarios involucrados. Es una excelente solución que preserva la institucionalidad y la culminación del período presidencial. Pero aquí estamos en la madre de las decisiones, lo que dio origen a todo y en ese caso, ¿a quién culpar? "¡Qué vicepresidente me pusiste!", trascendió que oportunamente le recriminó a su marido, desafortunado argumento que debilitó tristemente su autoridad. Seguíamos y seguimos sin salida. Quien es el dueño de la verdad y piensa que nunca se equivoca no cambia, peor aún, no progresa, pero lo peor de todo es que no asume sus responsabilidades, se victimiza y transfiere "el muerto" a otro. Nos hace realmente grandes personas el poder decidir pero asumiendo responsabilidades por errores y equivocaciones, lo que nos permitiría quizás redimirnos y buscar soluciones. Lo preocupante es la ausencia total de culpa. Humildemente, y a riesgo de ser considerada destituyente, le aconsejaría como necesario que en los ratos de lectura revise un buen ensayo al respecto, "Elogio de la culpa", de Marcos Aguinis.
Lidia Giovannoni lidiagiovannoni@gmail.com