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Eleonora Cassano confesó que "quería dejar la danza y que no me deje a mí"

Eleonora Cassano, que se despide de su actividad, dijo que nunca siguió las reglas. “¡Chapeau!” es el nombre del espectáculo con el que se presentará hoy y mañana, a las 21, en el teatro El Círculo (Laprida y Mendoza).

Domingo 08 de Julio de 2012

“Si surge algo interesante puedo llegar a hacerlo, pero es como un final entero”. Así define Eleonora Cassano las funciones que está realizando y que forman parte de su “despedida del ballet clásico”, según contó a Escenario. “¡Chapeau!” es el nombre del espectáculo con el que se presentará hoy y mañana, a las 21, en el teatro El Círculo (Laprida y Mendoza). Allí ofrecerá una versión completa de “Carmen”, de Bizet, y una segunda parte con “Entre tangos y milongas”. Después de 39 años -ingresó al teatro Colón con sólo 8 y lleva 25 de carrera profesional- Cassano rompió el arquetipo de la bailarina clásica. Se calzó las plumas para un music hall en el Maipo, cantó y hasta hizo una producción de fotos junto a Julio Bocca para la revista Playboy. Todo eso además de haber bailado en los escenarios más prestigiosos del mundo, desde Moscú a Nueva York. Sin embargo el éxito no la mareó. Hoy, con 47 años, se entrena con el mismo rigor para cada función, pero también se levanta cada día a las 6 de la mañana para llevar a sus hijos a la escuela. “Yo demuestro que no es necesario seguir las reglas”, aseguró.

   —¿Te retirás?

   —No es que me retiro. Cierro la etapa clásica. Me despido del ballet clásico. Con “La Bayadera” en el Luna Park fue la última vez que bailé un ballet completo. Además después de 20 años que no bailaba esa obra completa, con dos horas y pico y técnicamente exigente. Yo pienso hacer un parate. No es que voy a seguir con este ritmo por más que no sea clásico y seguir así... no. Si surge algo interesante puedo llegar a hacerlo, pero es como un final entero. Pero no sucede por cansancio. Creo que lo hago por una cuestión de yo decidir dejar la danza y no que la danza haya decidido dejarme a mí.

   —La despedida definitiva sería en diciembre en el Obelisco. ¿Por qué no en el Colón, donde empezaste a bailar?

   —Lo que se tendría que haber hecho es hacer una última función en el Colón. No la última, pero bailar por última vez en el Colón. No me llamaron, no me ofrecieron, no me preguntaron nada y yo no voy a estar pidiendo, preguntando. Entonces lo hice en el Teatro Argentino de La Plata. Hacerlo en el Argentino no cierra la posibilidad de bailar en el Colón, pero las autoridades consideraron eso.

   —¿Te molesta?

   —Me molesta mucho porque yo soy bailarina del Colón, bailé hasta que me dieron mi licencia para ir a representar a mi país. He vuelto a bailar en el Colón después de tener mi carrera hecha, ahora esta dirección no me citó. Así como Julio tuvo su última función en el Colón gracias a Raúl Candal, la persona que está ahora de directora no me lo ofreció en ningún momento. Y ahora no se si tengo ganas de hacerlo.

   —¿Por qué a los 47 años?

   —Lo que pasó es que hice cosas diferentes, danza teatro con “La Duarte”, espectáculos de tango, y el clásico me estaba quedando un poco en el olvido y dije que no podía ser. Iban pasando los años y yo no voy a cerrar como corresponde mi carrera clásica. Consideré que este era el año para hacerlo. Mucho más no te podés extender. El clásico tiene un tiempo de vida útil determinado.

   —El cuerpo te pasa factura...

   —Sí, quieras o no, sí. Igual me siento bárbara porque ahora que termino de hacer las tres funciones de “La Bayadera”, después de veinte años de no hacer un ballet completo, hasta mis compañeros me preguntan cómo aguanto... Aguanto, pero lo hice bien, no es que la estoy piloteando.

   —Bailaste tango, rock, folclore, zapateo americano, cantaste, hasta fuiste tapa de Playboy. Rompiste algunas reglas...

   —Toda la revista fue nuestra. Fue algo especial porque decidimos con quien queríamos hacer las fotos en Nueva York. Toda la revista mostraba cuerpos danzando desnudos. Fueron fotos bellísimas y no me arrepiento para nada. Al contrario, me gusta mucho, pero en este momento no lo haría. En este momento la situación es distinta , tengo hijos. Pero sí, rompí con los esquemas habituales de la bailarina clásica. Yo no soy muy... típica (risas). Eso hace romper con lo que se podía hacer, con lo que era permitido o normal. Yo demuestro que no es necesario seguir las reglas.

   —En esta línea de que te gusta romper las reglas, ¿por qué le dijiste que no a Tinelli para participar en “Bailando...”?

   —Porque no era el momento. En este momento estoy haciendo mi despedida. Me hubiese complicado hasta mentalmente un día estar bailando regaeton y al otro en el Luna Park “La Bayadera” completa . Es muy difícil para cualquier cabeza. Pero no es que me asuste ni nada. Así como salí en Playboy y mostrar que se puede hacer un desnudo con clase, y eso sí verdaderamente fue un desnudo con clase, no lo que dicen... muchas, “ay un desnudo cuidado” (risas). También sé que puedo hacer un caño perfectamente estético, entonces no me asusta. Creo que se puede mostrar danza de la forma que corresponde.

   —¿La carrera de un bailarín es tan exigente como parece?

   —Y bueno, sí, no trasnocho, no tomo alcohol, tengo una vida que tiene que estar acorde. Me levanto todos los días a las 6 de la mañana porque llevo a mis hijos a la escuela. El sacrificio está porque si querés llegar a algún lado en la vida tenés que esforzarte y laburar muchísimo. Yo nací con condiciones, pero atrás de las condiciones hay un laburo. Al día de hoy sigo trabajando y en las clases me rompo el traste. No es que voy y hago un calentamiento. Laburo. Para mantener esto y mantenerse en condiciones hay que seguir trabajando. Yo no me creí ya soy Eleonora Casano y bailo La Bayadera como sea. Para hacer las funciones del viernes estuve ensayando muchísimo, con ampollas de nuevo en los pies, con dolores en todo el cuerpo. Pero me gusta...

   —Ustedes tienen un punto de masoquismo...

   —(risas) Es que sabés, a mi me gusta cuando me duele el cuerpo de trabajar. Termino de hacer una clase después de dos semanas que no hice nada y cuando me duelen los músculos, es un dolor lindo.

    —Julio y Eleonora fueron casi una referencia. ¿Te despedís con Julio en diciembre?

   —Lo veo duro... (risas) El estaba en Colombia y me mandó una tarjeta hermosa. Dice “Lamento no poder estar, pero estoy con corazón y alma. Disfrutalo como en nuestras mejores épocas del Luna Park”. Me emocionaba y lo leía antes de bailar cada función y me hacía bien. Pero que baile, la verdad que no. Tenerlo sí, yo sé que va a estar, pero de ahí a que baile...

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