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El vuelo de dos artistas que les dan vida eterna a sus canciones

Joan Manuel Serrat y Joaquín Sabina mostraron "Dos pájaros contraatacan". Los artistas ofrecieron dos recitales de su nuevo show en el salón Metropolitano.

Lunes 26 de Marzo de 2012

Hay canciones que viajan con uno, y con el otro, y con muchos más. Joan Manuel Serrat y Joaquín Sabina lo saben mejor que nadie. A esta altura de sus vidas, y también la de sus seguidores, verlos juntos en un escenario es una suerte de regalo de reyes. Esos que uno sabe con qué se va a encontrar, pero igual lo disfruta. En esta segunda reunión a cinco años de "Dos pájaros de un tiro", la dupla española ofrendó lo mejor de sí en "Dos pájaros contraatacan", un espectáculo de tres horas de música y más de treinta canciones ante un Metropolitano colmado.

Los pájaros surgidos de una idea de Roberto Fontanarrosa abrieron el show en las pantallas en una nueva versión animada. Fue apenas la primera de las sorpresas de una noche en la que se combinaron nostalgia, emoción, pasos de comedia y hasta chascarrillos basados en una ficticia competencia por el estrellato entre el nacido en Barcelona y el oriundo de Ubeda.

"La orquesta del Titanic", título del último disco con temas nuevos compuesto entre ambos, funcionó como un leit motiv del show. Fue la inyección de sangre fresca que necesitaba el dúo para que este regreso no sea sólo un compilado de grandes éxitos.

Es por eso que las canciones con poco recorrido convivieron perfectamente con los clásicos. Y así, "La orquesta del Titanic", "Hoy por tí, mañana por mí", "Martínez" (una de las mejores), "Cuenta conmigo", "Maldito blues", "Después de los despueses" y "Acuérdate de mí" generaron empatía en la gente, aunque lejos del furor de las otras, que ya son como los vinos añejos, dado que toman más sabor con el tiempo.

Memoria. El primer aplauso cerrado llegó en la previa de "Algo personal". Es que el show inicial de esta gira (el otro recital fue ayer) tocó caer en Rosario justo un 24 de marzo, Día de la Memoria, y el Nano pidió un recuerdo especial "para nuestros muertos, desaparecidos y torturados". Y Sabina, a su lado, aportó un rotundo: "Nunca más".

Fue el único momento serio de la noche, el resto fue bien arriba. Serrat y Sabina vienen de gambetearle a la muerte por sendos problemas de salud, y más allá que la parca se pega una vuelta en sus canciones, la quieren mantener lo más lejos posible, al menos en escena.

El juego coloquial entre ambos es una señal más que saludable. "Es agradable cantar con Joaquín, pero no tanto que se lleve el 50 por ciento de mis honorarios", disparó Serrat, en una de las tantas referencias a su coequiper. "Esta amistad no incluye el sexo, porque él no quiere", contrarrestó Sabina, y remató: "Serrat tiene algo que yo no tengo, mi envidia y su talento".

La banda merece un párrafo aparte. Sostenidos en el tándem sonoro formado por el piano de Ricard Miralles y las guitarras de Pancho Varonna y Antonio García de Diego, se destaca el experimentado guitarrista David Palau, sutil y efectivo, en el marco de una orquesta con 8 músicos y dos bellas coristas. Perfectamente ensamblado, el grupo fue del blues al foxtrot y del rock al flamenco, sin fisuras.

El momento esperado fue cuando, a solas, Serrat cantó las de Sabina y Sabina las de Serrat. "Y sin embargo", "Eclipse de mar" y "Una canción para Magdalena" se lucieron en la voz del Nano, y "De cartón piedra" y "Señora" parecieron hechas a medida de Joaquín.

El último sprint, largo y conmovedor, llegó con "Más de cien mentiras", la bella "Tan joven y tan viejo", con imágenes de ambos artistas en blanco y negro y la emotiva "Para la libertad". Cuando la gente deliraba, asomó "Esta noche contigo" y "Cantares", entre una seguidilla de clásicos eternos. El fin del fin regaló "Con la frente marchita" y "Fiesta". Los pájaros contraatacaron, el vuelo continúa.

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