Lunes 05 de Noviembre de 2012
Hora y media lleva caminando Maureen Miczak de puerta en puerta por Berea, en el estado de Ohio, cuando finalmente alguien le abre la puerta. Una joven con cara de dormida. Parece que es demasiado pronto para recibir el mensaje que Miczak le traslada. "Contamos con que usted irá a votar el martes", dice alegre. "Lo haré", es la corta respuesta. "¿Cuándo, exactamente?", pregunta de nuevo. "A mediodía".
Así acaba la conversación. Miczak asiente satisfecha, da un folleto sobre Barack Obama a la joven electora y detrás del nombre de la mujer hace dos cruces en la lista de unas 100 personas que lleva. "ED" y "NO" son las casillas marcadas, las de las siglas de "Election Day" (día de elección) y de "Noon" (mediodía). La joven recibirá así una llamada el martes, en la que se le preguntará si ya ha votado.
Miczak continúa en compañía de Patricia Zawadzki. Juntas recorren durante dos horas Berea, una ciudad que queda pocos kilómetros al sur de Cleveland. Según datos del censo, en todo el condado una de cada seis personas vive por debajo del umbral de la pobreza. Por esto fue tan importante la ayuda de Obama al sector del automóvil, opina Zawadzki. "Es muy importante seguir apoyándolo", dice.
"Paso seis horas al día en un centro telefónico durante la semana y los sábados y domingos hago dos turnos de dos horas yendo puerta a puerta", cuenta esta profesora jubilada. "¡Estoy loca por la política!", agrega, riéndose. Las dos mujeres no son las únicas "locas": hay decenas de miles de equipos de dos personas como el de ellas en todo Estados Unidos para animar a los electores a que vayan a las urnas.
Marea de voluntarios. Especialmente en los Estados "bisagra" o "cambiantes", como Ohio, en los enclaves en los que las encuestas arrojan resultados más ajustados, es donde los voluntarios del Partido Demócrata y del Republicano más trabajan. El sindicato AFL-CIO, al que apoyan Miczak y Zawadzki, transporta incluso hasta Ohio a gente de Estados vecinos.
Ya no se trata de convencer a los partidarios del rival político. "Ahora ya sólo intentamos motivar a nuestros simpatizantes", dice uno de los responsables de instruir a los voluntarios. "En sus listas hay sólo gente que sabemos que votará por el presidente Obama", les dice, mirando la increíble cantidad de datos que los partidos políticos hacen circular sobre los ciudadanos. "Creo que hasta saben qué tipo de leche beben", comenta Miczak más tarde, ya en la calle. "Algunas personas creen que eso es horrible", admite. Pero el fin justifica los medios.
Molestia.No todos opinan así. Personas como Cindy Wonders están hartas de la eterna campaña electoral. "Recibo cada día cinco o seis cartas y cuando vuelvo a casa del trabajo, cuatro personas han dejado mensajes en el contestador automático", cuenta la mujer, que trabaja como manager de supermercado en las cercanías de Cleveland. En la televisión se ve cada cuarto de hora la sonrisa de Romney y Obama, y en la radio sólo se escuchan los spots de ellos. "Sin embargo, ya he votado. Me ha costado 1,75 dólares. Gracias a Dios, el martes se acaba todo", dice Wonders.
Aunque no se puede demostrar la utilidad de las campañas puerta a puerta, algunos expertos opinan que, especialmente en el caso de Obama, el trabajo de su base dará réditos mañana a la noche. Esa es la esperanza con la que Miczak y Zawadzki recorren las casas de Berea, la que hace olvidar el escaso éxito. Su balance al final de un turno de dos horas es modesto: "De las cerca de 100 personas de la lista hemos hablado directamente con siete".