El valor de los gestos
"Un tropezón no es caída", reza el dicho, pero resulta que otras sí lo son. Días atrás, a la salida de un local comercial, terminé de bruces en la calle, muy angosta por cierto, por lo cual agradecí al destino no haber ido a parar a la calzada. Los transeúntes muy amablemente me ayudaron a reincorporarme, brindarme consuelo y acompañamiento además de solícitamente juntar mis golosinas. Del local nadie me auxilió. ¿Era necesario que lo hicieren?...

Lunes 14 de Diciembre de 2009

"Un tropezón no es caída", reza el dicho, pero resulta que otras sí lo son. Días atrás, a la salida de un local comercial, terminé de bruces en la calle, muy angosta por cierto, por lo cual agradecí al destino no haber ido a parar a la calzada. Los transeúntes muy amablemente me ayudaron a reincorporarme, brindarme consuelo y acompañamiento además de solícitamente juntar mis golosinas. Del local nadie me auxilió. ¿Era necesario que lo hicieren? Ciertamente sí. Un negocio no es solamente el éxito comercial del emprendimiento por lograr estar abastecidos, vender y ser considerados líder en lo suyo, parte por la cual soy su clienta hace años. También lo es su imagen, la atención de su personal, la confianza que otorgan sus instalaciones y muchas cuestiones más que por espacio no podría explayarme. Horas después me tomé la molestia de hablar telefónicamente con el dueño, ausente por viaje me explicaron, pero gentilmente suplido por su asistente. Se disculpó en nombre de su empresa. Trasmití mi preocupación por el escaloncito traicionero que podría ser nueva trampa para otros, pero sobre todo por la actitud de los jóvenes trabajadores, pues el hecho no fue bien resuelto, no lo fue siquiera. Hubo coincidente triste ausencia de comedidos en el staff. Podría haber sido un accidente peor, distinto imaginé, pero el desinterés, apatía, no sé definirlo, me impactó. También pedí que trasmitan al dueño que parte del entrenamiento que impartieran, debían ser sobre alguna de estas cuestiones. Escribo estas líneas pues quizás lleven a reflexión a otros dueños que no dimensionan o comprendan que todos sus empleados son su empresa. Cuando ellos no están, éstos lo representan. Los esfuerzos de años se resumen en cada local, en cada empleado atendiendo a cada cliente. Que un tropezón no sea caída sino una oportunidad para demostrar qué valiosa es
esa empresa.


Lidia Giovannoni,
lidiagiovannoni@gmail.com