Lunes 04 de Junio de 2012
Los que han investigado el tema de las eras mundiales basándose en cálculos astronómicos, entre otros, opinan que las mismas se suceden cada una con su particular característica. Así después de haber gozado durante varios siglos de romanticismo y religiosidad, ahora la humanidad está sufriendo una era de violencia que se percibe en múltiples facetas y niveles, todo agravado por el vicio de la drogadicción que está causando estragos, especialmente entre la juventud. La violencia, en su faz más cruenta, se sufre a través del terrorismo internacional y con menor virulencia a través de confusos idealistas, que con distintas denominaciones actúan en distintos países perturbando la paz social autoengañados, entre otras cosas, con la consigna maquiavélica "el fin justifica los medios". Por comprensible coincidencia la violencia se ha incorporado al inconsciente colectivo que se moviliza a través de gente de negativa cultura, suscitando el correspondiente malestar general. ¿Es posible poner término al incremento de la violencia que en nuestro país está alcanzando alarmantes límites? La misma puede atenuarse con una moderna y planeada vigilancia aplicando firmes y adecuadas medidas correctivas y cumpliendo todas las disposiciones legales que regulan el funcionamiento social, sin embargo el orden social sólo puede funcionar cuando sus integrantes actúan inteligentemente animados de una sana sensibilidad tratando al prójimo como desean que se los trate a ellos mismos. A esto puede llegarse recibiendo una adecuada educación que debe impartirse preferentemente en la infancia que es cuando se echan los cimientos de la personalidad. En este aspecto los padres deben vincularse íntimamente con la escuela primaria en el orden público y privado, la cual debe recibir el mayor apoyo gubernativo por tratarse de un tema de urgencia prioritaria. Al gremio docente diseminado en todo el mundo, en razón de la sagrada función que le compete, le está reservada la noble tarea de encaminar a los niños por la senda que les conducirá a encarrilar la difícil era que estamos atravesando. ¿Será todo esto posible?
Pedro S. Tavacca