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El trigo, generador de riqueza nacional

Reflexiones. El próximo 12 de abril se cumple un aniversario más de la primera exportación de trigo de la Argentina, la cual se hizo desde el puerto de Rosario en el año 1878. Allí seis veleros de ultramar partieron hacia Gran Bretaña llevando 4.500 toneladas de trigo provenientes de Colonia La Candelaria, hoy Casilda.

Lunes 06 de Abril de 2009

El próximo 12 de abril se cumple un aniversario más de la primera exportación de trigo de la Argentina, la cual se hizo desde el puerto de Rosario en el año 1878. Allí seis veleros de ultramar partieron hacia Gran Bretaña llevando 4.500 toneladas de trigo provenientes de Colonia La Candelaria, hoy Casilda.

En su rica historia, quiso el destino que fuera nuestra provincia de Santa Fe la primera que conoció el preciado cereal de la mano de Sebastián Gaboto, siendo el marinero Luis Ramírez quien sembró cincuenta y nueve granos (50 gramos) de trigo, cosechando luego 550 gramos en tres meses, en el Fuerte Sancti Spiritus, hoy distrito Gaboto, al margen del río Carcarañá. Allí se amasó nuestro primer pan.

El modelo agrícola fue apoyado desde los inicios de nuestra Revolución de Mayo, entre otros, por el general Manuel Belgrano, quien consideraba que la agricultura era un pilar fundamental del progreso económico. La expansión del trigo en la Argentina comienza a partir de 1850 y no sólo produjo una profunda transformación del agro argentino, sino que más precisamente fue el generador de la agricultura extensiva en nuestra Nación. Por su parte, Domingo F. Sarmiento, luego de asumir la presidencia de la Nación en 1868, además de darle un impulso decisivo a la instrucción y a la educación pública con la creación de miles de escuelas, incrementar las vías férreas, etcétera, creó el Departamento de Agricultura desde donde se apuntaló eficazmente el proyecto productivo nacional.

Nuestro país debía importar trigo para satisfacer la demanda interna, pero a partir de 1878 las exportaciones de trigo superaron por primera vez esta barrera. En 1891 se obtuvo el millón de toneladas y desde 1899 comenzamos la etapa de ser exportadores netos, siendo el segundo exportador mundial en 1903, llegando a enviar al exterior 3.600.000 toneladas en 1908, cifra ésta que era equivalente al 36.50 por ciento de las exportaciones totales argentinas. Los inmigrantes y el ferrocarril fueron entonces quienes completaron la expansión de este preciado componente de nuestra riqueza patria.

De todo lo que se exportaba desde los distintos puertos del país, a través de nuestro puerto de Rosario salían en 1910 el 25 por ciento del trigo, el 27,9 por ciento del lino y el 46,5 por ciento del maíz.

A partir de 1914, el agricultor Emilio Vassolo comenzó el gran desafío de incorporar el trigo candeal, tarea que culminó con gran éxito.

Cabe acotar que frente a la grave crisis de 1930, signada por el desplome de las monedas y de los mercados mundiales, lo cual derivó en una fuerte competencia y proteccionismo extranjero, el gobierno nacional de entonces le brindó un blindaje extraordinario al productor agropecuario: estableció el control de cambios, devaluó la moneda en un 20 por ciento, creó la Junta Nacional de Granos (la cual asumió el control de las ventas al exterior, fijó precios básicos, etc.) y estableció además el pago del 80 por ciento adelantado del valor de la cosecha por parte del Banco Nación. Esto dio como resultado una gran generación de riqueza y trabajo, reflejado en el marcado incremento de las exportaciones durante toda la década: en 1934 las exportaciones de trigo representaron el 27.50 por ciento de las exportaciones mundiales.

Esta fue sin dudas una oportunidad histórica, claramente aprovechada por nuestros políticos y los productores, tan es así que hacia 1939 nuestras exportaciones de granos, incluyendo al trigo, abarcaban el 31.8 por ciento del mercado cerealero mundial, mientras que Estados Unidos sólo llegaba al 15.4 por ciento y Canadá al 8.6 por ciento del mismo.

Desde aquella época y hasta comienzos de 1990 la producción de trigo se estancó por distintos motivos, tales como políticas desacertadas de los gobiernos de turno y de la Junta Nacional de Granos, el desplazamiento de las áreas de siembra por las oleaginosas de mayor valor y rentabilidad, etcétera. A poco que reparemos en las estadísticas, podemos observar que como productor mundial de trigo en la cosecha 2007/2008 ocupamos el 10º lugar, superados por Pakistán, Kazajtán y Turquía entre otros, en tanto que en la reciente campaña 2008/2009 fuimos desplazados a la posición 12º.

Como exportadores de trigo, en la compaña 1990/91 ocupábamos el cuarto lugar en el mundo, pasando al quinto puesto en la 2001/2002; hoy somos un gran ausente dentro del mercado internacional y estamos a punto de perder nuestro principal cliente que es Brasil, puesto que este país está incrementando su producción en forma sostenida para no depender más de la inestabilidad de nuestra oferta.

Nuestra actual campaña 2008/9 alcanzó tan solo 8.5 millones de toneladas, esto es un 52 por ciento menos que la campaña anterior y hay quienes sostienen que, como una verdadera vergüenza histórica, podríamos llegar a tener que importar trigo para abastecer la demanda interna. Si bien ha intervenido la naturaleza a través de la gran sequía padecida, no menos cierto es que hay una orfandad total de políticas de Estado y de medidas urgentes como las de 1930, con miras a que no se desperdicie tan importante recurso de nuestra economía nacional. Hoy el trigo es el cultivo más generalizado en el mundo, pues existen más plantas de trigo que de cualquier otro cereal u oleaginoso.

Hasta aquí todo es historia, la cual debe ser correctamente interpretada por sus actores fundamentales: el productor triguero y el Estado, quienes tienen el deber de aunar esfuerzos en común y tomar medidas para revertir esta triste realidad. Como humilde aporte en esa dirección, me permito allegar las siguientes sugerencias.

1º) Sería ahora inadecuada la creación de un organismo estatal y regulador como la Junta Nacional de Granos. Ella fue de gran utilidad coyunturalmente, pero el paso del tiempo y la burocracia la tornaron inoperante, conforme ya lo demostrara en 1963, no obstante siguió funcionando hasta 1992.

2º) Como medidas urgentes, tendientes a revertir la baja producción el gobierno nacional debería por un lapso de dos años, a modo de excepción, tomar las siguientes medidas: a) exceptuar del IVA a todas las operaciones de venta de trigo; b) la misma excepción se debería aplicar en relación a impuesto a las ganancias; c) exceptuar también de IVA a todas las actividades relacionadas con acondicionamiento, acarreos y fletes, al igual que a la venta de semillas, insumos y productos. d) El gasoil que se usase para tales actividades y fletes, también debería estar exento de IVA. El efecto de tales medidas sobre la decisión del productor será inmediato: sembrará más trigo y menos soja de primera. Tengamos presente que es el primer ingreso del ciclo productivo.

3º) Las cooperativas y acopios deberían hacer un importante aporte, también en igual período, reduciendo todos los gastos de acondicionamiento, almacenaje y comercialización a su costo estricto, vale decir, sin margen de ganancia, pues se beneficiarán luego a partir de la recuperación del productor con la mayor producción y consiguiente comercialización.

Eduardo Buzzi, entre otros, remarca con fundada razón que el Estado es el gran socio del productor en las ganancias, pero nada aporta en las pérdidas. Adherimos a esta realidad y agregamos que el mismo principio es aplicable a todos los clientes y proveedores, quienes se benefician de modo permanente; por ello, es hora de demostrar la necesaria solidaridad y consecuencia para que se pueda seguir adelante.

El pan en la mesa es un derecho de todos los argentinos, pero debe ser ganado por mérito propio, toda vez que es el fruto de un gran trabajo colectivo con más de cien años de historia. En esta difícil hora, ¿qué menos podemos hacer entre todos los argentinos que darle un apoyo total a nuestros hombres de campo? Así nos aseguraremos que seguiremos contando con pan suficiente y también podremos recuperar el prominente lugar en la exportación de trigo que nuestros antecesores supieron conseguir.

(*) Doctor en derecho y ciencias sociales y productor agropecuario

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