Viernes 28 de Junio de 2013
“Y el Tata no se va”. Ese fue el canto que más fuerza tuvo en estos últimos días, donde solo la esperanza hacía salir esas palabras, en forma de pedido, de ruego, de deseo. Pero creo que todos o la gran mayoría de nosotros, sabíamos que estamos ante los últimos partidos de nuestro querido, amado, incomparable director técnico Gerardo Daniel Martino al mando del campeón, Newell’s Old Boys de Rosario. Duele, lo sé, pero hoy es la verdad. Pero creo que muchos coincidirán conmigo cuando diga que “depende de nosotros” que no se vaya. Si hay algo que aprendí del Tata es que desde el primer minuto quiso enseñarnos que su rol era circunstancial, pasajero y menos protagónico de lo que siempre sentimos y pensamos todos. Que lo importante, lo más grande que él trajo y va a dejar en el club, no son las estrellas, ni los títulos en los diarios; sino el ejemplo. El ejemplo de que las cosas se pueden hacer bien, que vale la pena arriesgarse a jugar al fútbol, que cuando todos tiran para el mismo lado, comparten convicciones, se es humilde y se trabaja duro los frutos no tardan en llegar. Nos puso en la dirección correcta. Ese es el legado del Tata. Lamentablemente, no hay nada que podamos hacer para que Martino se quede para siempre sentado al mando de la lepra, pero si hacemos las cosas bien, interpretamos correctamente sus palabras, acciones y enseñanzas, y las aplicamos como hasta ahora, podemos hacer que el Tata nunca se vaya,
Luciano Dino
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