"Que pague por lo que hizo". La frase, despojada de todo tipo de venganza,
sintetiza el dolor que expresan los amigos de Ariel Luis Alberto Pasquini, el kayakista de 31 años
que fue asesinado de un escopetazo el sábado 14 de febrero en una isla ubicada frente a la cancha
de Rosario Central. Los jóvenes están convencidos de que su violenta muerte fue absurda. Y también
sostienen que su amigo estuvo ajeno a la gresca que protagonizó Francisco Mateo A., el hombre de 72
años que fue detenido y acusado por efectuar el fatal disparo de escopeta cuando discutía con otras
dos personas por la delimitación de unos terrenos. "Tal vez cometió el error de querer calmarlo
(por el agresor), pero él no participó de la discusión", afirmó Roberto Bosio, uno de los muchachos
que llegaron a este diario para hablar de los por qué del crimen.
Roberto fue uno de los tantos compañeros de aventuras de
Ariel. A los dos los unió la pasión por navegar en el río Paraná a bordo de sus kayaks. Ariel había
comenzado a darle forma a su anhelo de disfrutar el río en la escuela secundaria. Corría el año
1991 cuando conoció a Diego Ross en una aula de la Técnica Nº 2, de Salta y Pueyrredón. Los
dos, por entonces adolescentes, cursaban el 9º año y desde ese momento fueron inseparables. A tal
punto que compartían un departamento hasta el día del crimen.
Camaradería. Diego le habló a Ariel de la "camaradería" existente entre
los amantes del río y de la casa que tenía en las islas entrerrianas. A fines de 2001 ellos dos,
junto a Roberto y otros seis amigos se subieron a sus kayaks y se largaron a remar hasta la ciudad
uruguaya de Colonia, siempre bordeando el Paraná. En ese viaje también participó Estanislao Vallet,
a quien Pasquini había conocido en su breve paso por la universidad.
Aquella fue su primera experiencia de largo alcance en el
río. Luego se sucedieron otros viajes a puro remo: Mar del Plata, la isla bonaerense Martín García
y una recorrida por el ancho delta del Paraná. Hasta que el 26 de diciembre de 2003 Ariel y sus
amigos decidieron concretar su mayor sueño. Recorrer los 3 mil kilómetros que los separaban de la
ciudad brasileña de Río de Janeiro surcando las aguas del río de la Plata y el océano
Atlántico.
A partir de ese momento las travesías se hicieron
habituales. Y cruzar el río hacia las zona de las islas, incluso en los fríos días de invierno, fue
algo cotidiano en la vida del grupo. Todos los fines de semana sacaban sus embarcaciones de una
guardería náutica de Gallo y Costanera Norte e iniciaban una nueva travesía desde las costas de La
Florida.
Por un sueño. Para Estanislao, navegar en kayak es "un estilo de vida" y
para Roberto es "una forma ecónomica de salir de vacaciones". Pero para que el sueño fuera
completo, unos diez años atrás, Ariel y dos amigos compraron unos terrenos en las islas
entrerrianas, en el Paraná Viejo, frente al estadio de Rosario Central. En ese espacio físico lleno
de vegetación y fauna silvestre, un lugar donde no hay playas, Pasquini comenzó a construir su
"rancho". Levantó pacientemente cada chapa de su cabaña y el sábado 14 cruzó el río para continuar
el trabajo. Ese día lo acompañó su novia Andrea, pero no estaban sus compañeros habituales.
Roberto contó que, según les refirió Andrea, estaban tomando mate cuando
escucharon una airada discusión en un terreno cercano. La gresca la protagonizaban tres hombres,
presuntamente por la delimitación de los terrenos que ocupaban. Ariel se acercó entonces a ver lo
que ocurría y, según sus amigos, en ese momento recibió un escopetazo que le atravesó la espalda.
"Es una cosa de locos. ¿Cómo el tipo va a sacar un arma y le va a disparar? Tal vez él lo quiso
calmar (al agresor), pero le tiró cuando se estaba yendo", afirmó Diego.
Desesperada, Andrea pidió ayuda a la Prefectura Naval, que
envió una lancha al lugar. Ya en la costa rosarina, el joven fue trasladado en una ambulancia al
Hospital de Emergencias Clemente Alvarez, donde falleció el domingo a la mañana.
En tanto, la misma Prefectura labró el acta sobre el
episodio y detuvo a Francisco Mateo A., quien quedó acusado del crimen, además de secuestrar el
arma utilizada.
Amigo. Lionel Perseguini es otro de los compañeros de aventura de Ariel.
Vivieron seis años juntos. Para él, el deceso del kayakista de 31 años fue absurdo. "Es ilógico lo
que hizo ese hombre. A Ariel nunca lo vi discutir ni pelear con nadie. Era una persona pacifica",
aseguró.
Lionel aceptó que la investigación del caso está en manos
de la Justicia, aunque se muestra convencido de que el agresor no puede ser excarcelado a pesar de
su avanzada edad. "Es un asesino que destrozó una familia y no puede estar en la sociedad",
sentenció a su vez Roberto. El dolor ante la muerte absurda de un ser querido no se puede explicar
de una manera racional. Los amigos sólo tienen una certeza: el sueño de Ariel de tener su propia
cabaña quedó trunco definitivamente una semana atrás cuando recibió el escopetazo mortal en las
islas entrerrianas que tanto amaba. l