El sueño panamericano
A la hora de sentarme a escribir estas líneas me resulta una denodada tarea el abstraerme de toda la marea de íconos referenciales que día a día, desde su origen paria, sin padre y sin...

Viernes 22 de Junio de 2012

A la hora de sentarme a escribir estas líneas me resulta una denodada tarea el abstraerme de toda la marea de íconos referenciales que día a día, desde su origen paria, sin padre y sin nombre, se alumbran en esta ciudad singular, en este sitio sin par. Como quién oye llover, el sueño colectivo en el que, sin ambages, sin chicanas, peraltes o curvas sinuosas se apalancó, merecidamente, el imaginario del deportista citadino y del ciudadano de a pie, voló inexplicablemente sin escala nacional y aterrizó, sin justificación alguna, en la mansedumbre del microclima puntano. Para los que dedicamos años de nuestras vidas tratando denodadamente de desparramar en la progenie deportiva el ideario del olimpismo, de la ética y estética del deporte bien practicado, del obstinado discurso de que abrazar con pasión y esfuerzo una disciplina constituye el más económico y rentable de los seguros que se ofrecen en plaza para garantizar un tránsito sin sobresaltos por esta atribulada vida, es realmente desconcertante el producido del sufragio que días atrás se cristalizó en el seno del Comité Olímpico Argentino. A la luz de tamaño dislate y en tanto decantan lentamente los vapores de la frustración, se encolumnan casi enciclopédicamente en mi revisión todos los sucesos que sistemáticamente, cada cuatro años, centran el eje en la eterna controversia que generan las decisiones que emanan del comité. Se podrá argumentar con cierta justicia que, a partir del último ciclo, algunas cosas mejoraron, debido principalmente a la concreción reclamada hasta la disfonía por el estatus deportivo, acerca de la necesidad de inyección de capital destinado al deporte de alto rendimiento, con el propósito de mejorar paulatinamente la relación esfuerzo-logro de los deportistas nacionales pero, y sin ser peyorativo con el legítimo deseo puntano, está más que claro que el otro e imprescindible capital, el humano, no ha logrado saltar la valla requerida para formar parte indelegable e intachable de la ecuación. Desde el fatídico 11-J en el que arteramente se decidió nuestra suerte, se han dado a conocer de parte de quienes, directamente o no, han contribuido a inclinar el fiel de la balanza, toda una serie de declaraciones que al intentar aclarar, obviamente, oscurecen. La candidatura rosarina, arduamente elaborada y a posteriori, concienzudamente expuesta, fue impecable en sus fundamentos y del mismo modo se desparramó sobre la mesa para la consideración de los electores, a sabiendas de que, excepto alguna colisión planetaria, el tiro del final no iba a fallar. Por estas horas y con el resultado en el autotrol, quienes por delegación del soberano llevaron por autopista el portafolio de nuestra ilusión, declaran en los medios con prudencia y mesura y velan las armas luego del inmerecido revés, a sabiendas de que, como en toda lid que se precie, victoria y derrota son anverso y reverso de la misma moneda. Es, entonces, el plenario íntegro del espectro deportivo rosarino el que ha sido solapadamente abofeteado y el que, de aquí en más, deberá defender su gloriosa prosapia de dador universal de deportistas, trabajando en los tiempos venideros en busca de una nueva oportunidad.

 Claudio Verasio