Domingo 16 de Octubre de 2011
Las vacas argentinas han tenido peores enemigos que Guillermo Moreno, el jefe de la Secretaría de Comercio Interior del kirchnerismo señalado como gran culpable por el alto precio de la carne en el mercado interno. En perspectiva histórica, los que peores se portaron con los ganaderos nacionales fueron los militares, bajo cuya dictadura se produjo la mayor liquidación de vientres, seguido por el alfonsinismo y el menemismo.
Así se desprende del “Informe sobre la evolución de la ganadería bovina”, un prolijo y completo trabajo elaborado por el gobierno provincial en julio de este año que aborda cuestiones de stock, precios y faenas desde una perspectiva histórica y nacional.
La determinación del ciclo ganadero bovino está dada por dos variables fundamentales: la principal es el stock ganadero o nivel de existencias; mientras que la otra variable relevante es el precio del ganado.
Desde fines de la década de 1960 hasta ahora, el ciclo presenta dos etapas bastante diferenciadas: una de crecimiento entre 1958 y 1977; y otra de disminución —en donde las modificaciones en la política económica interna y las tendencias hacia el autoabastecimiento influyeron de manera determinante— hasta 1988.
Para la primera etapa, la explicación más determinante está atada a la expansión de la demanda internacional, que provocó que hacia 1977 se llegara al pico máximo de cabezas de ganado en el país, con más de 60 millones de vacas.
En cambio la abrupta disminución del stock ganadero posterior, que pasó de 61,1 millones de cabezas en 1977 a 47,1 millones en 1988, tiene su origen en la política económica interna implementada a partir del golpe de Estado militar de 1976. “Desde ese momento, el funcionamiento del sector ganadero estuvo regido, además de por la relación entre los precios agrícola-ganaderos, por la relación con el rendimiento financiero”, señala el estudio.
Según detalla el trabajo, la fase de liquidación ocurrida entre 1977 y 1982 —la más extensa del período bajo análisis— coincidió con una política monetaria restrictiva que elevó las tasas reales de interés, así como la siguiente fase de liquidación (1985/1988) coincidió con la implementación del Plan Austral y Primavera, períodos también de elevadas tasas de interés.
Hacia finales de los años noventa, el stock ganadero cayó nuevamente como consecuencia de los elevados precios agrícolas; de la disminución de las exportaciones argentinas por la aparición del “mal de la vaca loca”; y por el rebrote de fiebre aftosa detectado a mediados del año 2000. En ese lapso, las existencias caen de 53,2 millones de cabezas en 1994 a 48,6 millones en promedio para el período 1998/2002.
Hay que destacar que durante las últimas dos décadas, a causa de la notable expansión de la agricultura, se redujo la superficie disponible para la actividad ganadera. Sin embargo, el stock creció entre 2003 y 2008.
De acuerdo al Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (Inta), este desempeño se explica por los cambios ocurridos en la forma de organización de la producción, que permitieron la intensificación de la actividad.
Ya desde fines de los 90 los feedlot o engorde a corral, máximo exponente de la intensificación ganadera dedicados al engorde de animales de recría y/o a la terminación —es decir, a la incorporación de los últimos kilos para alcanzar la condición de faena—, cobraron mayor importancia.
A eso se le agregó el desplazamiento de la ganadería a zonas extra-pampeanas, o a tierras marginales como la zona de islas frente a la provincia de Santa Fe.
Pero en el año 2010 se produjo un quiebre drástico en la tendencia, con una disminución de las existencias de 13,5% en relación al año 2008, más que nada como consecuencia de la liquidación de vientres tanto por la menor rentabilidad relativa en comparación con la agricultura como por las sequías.
En el incremento de la faena de hembras, se pasó de un promedio anual de 41,5% de la faena total en 2006 a 47,4% en el año 2007, alcanzando un nivel máximo de 49,2% en 2009.
A eso se sumaron algunas medidas gubernamentales que desincentivaron la actividad, lo que llevó a que en sólo dos años se perdieran casi 7,5 millones de cabezas.
“A la ganadería ya no le resultaba posible competir o complementarse con la agricultura debido a los elevados márgenes de rentabilidad del cultivo de soja, que casi quintuplicaba al de la ganadería bovina”, asegura el trabajo de la provincia. También en 2010 la cantidad de animales faenados disminuyó un 32,2%; mientras que la producción y las cantidades exportadas se contrajeron 31,9% y 53 % respectivamente.
En el mercado interno se observa a partir de diciembre de 2009 un importante aumento de los precios de la hacienda, y por consiguiente de la carne. Este incremento se debe a la significativa contracción en la faena, explicada tanto por la falta de hacienda disponible como por la aparente culminación de la fase de liquidación de hembras —de tres años y medio— más extensa de las últimas décadas.
A su vez los feed-lots, actores de importante participación en la oferta de carne, se encontraban empleando una baja proporción de su capacidad instalada.
Además, en abril de 2010 la recientemente disuelta Oncca resolvió suspender el pago de compensaciones a los establecimientos que se dedican al engorde de ganado bovino a corral.
Mercado externo. Además de las cuestiones de política interna, las variaciones de la ganadería nacional también dependen en gran medida de lo que pasa fronteras afuera. El informe destaca que el mercado internacional durante los últimos años sufrió una serie de modificaciones a nivel de sus principales actores: “la producción global disminuyó por tercer año consecutivo; al mismo tiempo, se incrementó la demanda por parte de algunos países, sobre todo de los países en desarrollo”.
Por el lado de la demanda, lo que se observa es un aumento del consumo de productos cárnicos en algunos países en desarrollo. Del lado de la oferta, los principales cambios son: la caída de la producción de la Unión Europea desde principios de los años 90, con disminución de sus exportaciones e incremento de las importaciones; el estancamiento de la producción en Australia y Nueva Zelanda; el incremento de la demanda en Estados Unidos y la disminución de las exportaciones luego de la aparición de la enfermedad de la “vaca loca”; la disminución de la producción en los países de la ex Unión Soviética y por último, el crecimiento de la producción y de las exportaciones de Brasil, que pasó a ser el principal exportador.
Por todas estas razones, el precio de exportación de la carne vacuna aumentó extraordinariamente en el año 2008 y a fines de 2010 se encontraba en niveles similares.
Por el lado de las exportaciones argentinas, alcanzaron en 2005 el máximo nivel en volumen de las últimas décadas; a partir de allí, se incrementaron los impuestos a la exportación con el objetivo de disminuir los precios en el mercado interno. En 2009, las ventas al exterior alcanzaron en valor el nivel más elevado desde 2003 debido a los altos precios internacionales, mientras que el mayor valor exportado se registró en 2009 y las cantidades se ubican detrás del pico de 2005.
Pero en 2010 se observa una notable retracción de las cantidades exportadas, que cayeron a la mitad, aunque los valores exportados disminuyeron menos que las cantidades —un 28,2%— debido a los altos precios internacionales. •