Jueves 06 de Septiembre de 2012
El neurólogo y ex secretario de Relaciones Internacionales británico David Owen escribe que las presiones y responsabilidades del poder político terminan por intoxicar la mente y el juicio de los dirigentes: exagerada confianza en sí mismo, rechazo a recibir consejo, alejamiento paulatino de la realidad, acometer imprudencias, asumir posturas erróneas, aceptar a ventajeros que le otorgan méritos inexistentes, megalómano; cree ser infalible e insustituible, planifica estrategias para 20 años adelante, desarrolla paranoias por las que cualquier oponente es un enemigo personal, delira y sospecha de todo aquel que le haga la menor crítica.Esta severa sintomatología es la del síndrome de Hubris citado por la neurociencia. Se originó en la primitiva Grecia cuando glorificaban a los vencedores de batallas pero éstos respondían cometiendo error tras error hasta que los castigaban. Hubris deriva de hybris que significa desmesura. Precisamente creo que este último es el término que califica a nuestra dirigencia política.Escucho más veces de las deseadas que hay desmesura dentro del gobierno: soberbia, autoritarismo, favoritismo, fuerza numérica legislativa para imponer medidas inconducentes, no hay ideas comunicacionales, es constante el devalúo de la Justicia, se busca incrementar la cantidad de seguidores del modelo sin importar el cómo. Coincido plenamente en que buena parte de las críticas tienen fundamento pero tampoco me olvido de las buenas cosas y realidades que lleva a cabo este gobierno populista. En este sube y baja me preocupa que la desmesura incluya temas tan urticantes como la imparable inseguridad, una macroeconomía en retroceso, un programa subsidiario que se infla incesantemente, un ninguneo a la cultura del trabajo, una corrupción que se practica sin obstáculo a la vista. Mantengámonos alertas para impedir el avance del síndrome nativo.
Rubén Mario Baremberg,
DNI. 6.012.531