Lunes 12 de Agosto de 2013
A diario tomo el colectivo para ir y venir de mi trabajo. Un buen lugar para observar y aprender comportamientos. Digo mirar y aprender, porque siempre hay algo para corregir. Por ejemplo, es común que suban personas, no importa la edad, que necesitan de un asiento. Es el momento cuando algunos se paran, sin dudar ni esperar que sea el que está en las primeras ubicaciones el que toma la decisión, y ofrecen el suyo. Pero también es cuando otros, de manera repentina, se duermen, mandan mensajes o se distraen buscando el horizonte. A veces es el chofer o un pasajero el que pone la voz de alerta y pide el lugar. No quiero caer en las frases repetidas de “antes esto no pasaba” o los “chicos de ahora no tienen educación”. Insisto, estos aprendizajes no reconocen edades ni clases sociales. Los espacios
públicos son lugares para educarnos, aprovechemos entonces para que el simple acto de ofrecer un asiento en el colectivo a quien lo necesite se convierta en algo cotidiano. Eso mostrará seguramente que vivimos en una comunidad mejor.
Beatriz López