Martes 20 de Enero de 2009
Hace unos días, precisamente antes de las fiestas de fin de año, mi amiga Beba Gallardo, que conduce desde hace tantos años por una emisora local el programa la Senda de la Candelaria, recibió este saludo de parte de mi hijo Pablo, que hace seis años vive en Barcelona, y que quiero compartir, porque me parece que expresa cabalmente lo que es el sentir de un inmigrante: "Querida Beba... Mientras me bajo del tren regional, y dejo las maletas en consigna en la Hauptbahnhoff central de Stuttgart, pienso en la distancia que me separa del hogar. Me paro frente a una revista de viajes, donde casualmente la tapa tiene como titular «Argentina». En sus primeras frases el redactor describe a los argentinos como «amigables, melancólicos y acostumbrados a empezar de cero una y otra vez». Levanto la vista y veo gente extraña, mientras siento que en tres palabras el escritor desconocido me dejó desnudo de pie a cabeza.
Soy argentino, y aunque mi pinta de italo-español confunda, la bandera va conmigo adonde sea, no importa si esté huyendo, paseando o corrigiendo el rumbo. Como hablamos una y otra vez contigo en la radio de este tema, te cuento que en la mochila invisible que me acompaña a todos lados llevo tangos, chamamés, gorriones, rock nacional, el acento, el color del jacarandá, las chicas lindas, el olor del río, el sabor del dulce de leche y el mate...y muchas otras cosas poco agradables que no me gusta recordar que ahí están, pero como las buenas, me dicen que soy del sur del planeta. Sin embargo, hay también en esa mochila algo que, estando lejos, me hace sentir en casa.
Son las navidades frías, los Santa Claus convenientemente abrigados, los villancicos, los trineos, la nieve, el querer vivir mejor, el amor por la cultura, las costumbres de cada día, las pizzas, helados, los vitel tonés, el turrón. Estoy empezando a pensar que hace mucho tiempo, mientras dormía en casa, se juntaron todos mis abuelos, y llenaron mi mochila intangible de cosas suyas, que hacen que ahora mis raíces del alma estén allá, pero yo me encuentre como en casa, estando acá. Tal vez eso explique por qué los argentinos somos amigables, melancólicos y acostumbrados a empezar de cero. Un beso enorme, desde Alemania".
Cristina Burgues
burguescristina@hotmail.com