Lunes 11 de Enero de 2010
La carta de Elbio Martínez proponiendo disolver el Enress por considerarlo un gasto inútil me ha animado a sugerir la disolución de otro ente igualmente inútil, y mucho más costoso: el Senado provincial. Su inutilidad está probada. En la mayoría de las provincias no existe y las únicas consecuencias son una mayor rapidez en la sanción de las leyes y un importante ahorro de dinero, disponible para usar en salud, educación, etcétera. Además, los Senados provinciales tergiversan la voluntad popular. Como en nuestra provincia, donde un partido que obtuvo el 39 por ciento de los votos se quedó con el 74 por ciento de las bancas (14) y el que obtuvo el 49 por ciento logró sólo el 26 por ciento (5). Absurdo motivado porque cada departamento tiene derecho a elegir un senador, aunque Rosario tenga 1.120.000 habitantes y Garay 20.000, según el último censo. O sea que el voto de un habitante de Garay vale 56 veces más que el de uno de Rosario. A esto se le llama "voto calificado". Y está prohibido. Distinto es el caso de los votos a senadores nacionales. Las provincias son estados preexistentes a la Nación, a la que aceptaron unir pero bajo la forma federal de gobierno, que les asegura estar representadas en el Parlamento. Los departamentos, en cambio, son meras divisiones administrativas, creados por leyes que los fueron subdividiendo desde los cuatro originales hasta los 19 actuales. Esto implica que si el gobierno sancionara una ley fusionando los 14 en los que ganó la oposición, reduciéndolos a cuatro, conseguiría mayoría en el Senado... ¡Aun cuando el resultado electoral fuese el mismo! Lo que prueba que la conformación de dicha cámara es independiente de la voluntad popular, no la representa. Ergo, además de inútil, daña el sistema democrático.
Carlos E. Galiano c_e_galiano@yahoo.com.ar