El satélite sin control de la Nasa cae hoy a la tarde
El satélite Uars (Upper Research Atmosphere Satellite), sigue perdiendo altura y, según los datos de seguimiento, se estima que la reentrada en la atmósfera terrestre del artefacto de más...

Viernes 23 de Septiembre de 2011

El satélite Uars (Upper Research Atmosphere Satellite), sigue perdiendo altura y, según los datos de seguimiento, se estima que la reentrada en la atmósfera terrestre del artefacto de más de seis toneladas se producirá hoy a la tarde. No se sabe aún en cual zona caerá, los expertos apenas han podido establecer en las últimas horas que no será en Estados Unidos.

El Uars, con diez metros de largo por cuatro y medio de diámetro, puede estar dando tumbos en órbita, sin una orientación fija, lo que dificulta la proyección de su trayectoria para determinar el momento en que llegará a la alta atmósfera terrestre. Además, hay que tener en cuenta otro factor que añade un alto grado de incertidumbre: el efecto de la actividad solar.

La Nasa reiteró que la probabilidad de que algún trozo del satélite, lanzado hace veinte años y que está hace tiempo en desuso, no se destruya en la reentrada (piezas de titanio y de acero inoxidable, sobre todo) y produzca heridas a una persona es muy baja. Lo más probable es que caiga al mar.

A partir de una altura crítica de unos 150 kilómetros, la resistencia que encuentra el aparato es considerable y cae casi como una piedra. Como el Uars da una vuelta a la Tierra cada hora y media, un margen de una hora en la predicción varía radicalmente la zona de caída.

El otro factor que dificulta los cálculos de caída es la superficie que el satélite expone a la resistencia de la atmósfera: si va atravesado, exponiendo sus diez metros largos de longitud, la resistencia será mayor y caerá antes que si va en línea, presentando un área frontal de 4,5 metros de diámetro. Esta es la primera vez en 32 años que la Nasa debe enfrentar una situación como ésta.

No es ni mucho menos la primera vez que caen artefactos espaciales a la Tierra, pero lo correcto es tomar medidas para poder controlar su reentrada, como se hizo, por ejemplo, con la estación espacial rusa Mir, en 2001, que fue dirigida al Pacífico para evitar el riesgo de impacto en zonas habitadas, además de avisar a las autoridades aéreas y marítimas.

El Uars, que fue una misión de enorme éxito que duró varios años más de lo previsto, se utilizó hasta que dejó de funcionar, por lo que no dejó posibilidad de maniobra.

Para los artefactos que están en órbita geoestacionaria, a unos 36.000 kilómetros de altura sobre la superficie terrestre, donde se colocan casi todos los satélites de comunicaciones, existen órbitas cementerio hacia las que se desvían los aparatos obsoletos, pero no hay órbitas cementerio para satélites a baja altura.

La posibilidad de destruir el Uars con un misil se dejó de lado por los peligros que representa. China usó el procedimiento para destruir un satélite obsoleto con un misil, en 2007, y generó 2.000 trozos de basura espacial que se han podido identificar y seguramente muchísimo más que siguen ahí arriba indetectados. l (AP, Reuters y DPA)