Sábado 06 de Marzo de 2010
Desde septiembre del año pasado se está llevando a cabo en Rosario un histórico juicio contra cinco represores. En todo este tiempo la justicia escuchó relatos escalofriantes, testimonios que erizan la piel. Pero quien leyó el "Nunca Más" elaborado por la Conadep no puede asombrarse de la narración del terror que se hizo ante el Tribunal Oral Federal número 1 de nuestra ciudad. Sin embargo, debo confesar que hay algo de este juicio que me asombró. Me refiero al rostro de uno de los imputados. Siempre sonriendo, portando una vincha con la palabra "legalidad" estampada en la frente, jamás demostró, a lo largo del juicio, signo alguno de arrepentimiento. Por el contrario, su sonrisa burlona y su petulancia ponen en evidencia su orgullo por lo que hizo durante los años de plomo. Tengo entendido que a lo largo del juicio adoptó, con la complicidad de su abogado, actitudes rayanas en lo payasesco. Estamos en presencia, qué duda cabe, del rostro del mal. Estamos en presencia de un rostro cuyos ojos fueron testigos directos de actos aberrantes, abyectos, lesivos de la dignidad del ser humano. Estamos en presencia de un rostro que desconoce el significado de la piedad, la misericordia, la indulgencia. Estamos en presencia de un rostro acostumbrado a convivir con lo más execrable de la condición humana: venganza, sadismo, crueldad. Sólo Dios y el propio represor saben lo que debieron soportar los prisioneros. ¿Escuchará por la noche el represor los aullidos de sus víctimas? ¿Sentirá por la noche el represor el olor a carne quemada? ¿Recordará por la noche el represor los rostros de angustia y desesperación de sus prisioneros? ¿Podrá el represor de aquí en adelante dormir en paz?
Hernán Andrés Kruse
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