Lunes 03 de Noviembre de 2008
Un clima de profunda decepción diluye las expectativas y promesas ampulosas lanzadas a través del gobierno. Lo que se evidencia es un desenfreno por apoderarse de la cosa pública y de bienes, con el menor esfuerzo, sin reparar en métodos y consecuencias. El país transita una decadencia moral y económica alarmante, consumiendo aspiraciones y esperanzas. Es inmoral y mentirosa la tan mentada estabilidad, ya que la realidad demuestra que los miserables ingresos de activos y pasivos cada vez alcanzan menos, mientras nuestra presidenta pretende, en un alarde de ingenuidad, hacernos creer que "llegan capitales de todo el mundo, que nos están ayudando a crecer". Desde hace años se viene humillando con sadismo a los jubilados, pero lo que sucede en estos momentos con las AFJP como protagonistas, es lisa y llanamente un robo, un asalto al patrimonio privado con la anuencia de un juez y un fiscal cómplice, que justificaron un avasallamiento a la vida y al derecho natural y absoluto que se basa en el respeto y la inviolabilidad a la misma. Se cambia la sensatez por las ambiciones, y la conciencia no consigue saciar mentes enfermas y delirantes. Colma la capacidad de asombro la soltura y la impavidez con que algunos funcionarios echan mano a todo lo que debiera ser intocable propiedad privada, sin que se advierta la tabla de valores que rige la conducta y el respeto a la condiciones humana. La ciudadanía ha expresado masivamente su indignación y repudio ante este nuevo asalto al dinero de millones de ahorristas que no hacen más que confirmar el profundo clima de inmoralidad que azota a nuestro país.
Olga Ponce