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El riesgo de que se estire la recesión

Pronósticos económicos. Las malas noticias llegan en los peores momentos, por lo que todo indica que habrá que prepararse para atravesar un 2015 más complicado que este 2014.  

Martes 16 de Septiembre de 2014

 La recesión en este 2014 y la llamativa imposibilidad de frenar un proceso inflacionario anticipan un 2015 complicado, y por eso, aunque parezca apresurado, sectores empresariales de peso empiezan a poner la mira en el color del nuevo gobierno que llegará a fines del año próximo.

Consideran que sólo una política que promueva un ingreso fresco y abundante de capitales permitirá a la Argentina volver a crecer, y ya hacen sus apuestas de cara a las elecciones presidenciales.

El empresariado coincide en que los equipos económicos de los tres candidatos con mayores chances de llegar a la presidencia, Daniel Scioli, Sergio Massa y Mauricio Macri, tienen una lectura “promercado” y por ello existe un visión optimista a mediano plazo, aunque pesimista en el corto.

El intervencionismo cada vez más fuerte impulsado por Axel Kicillof hizo que el funcionamiento de la economía fuera perdiendo lógica, y puso en primer plano un proceso de “estanflación”, un escenario recesivo donde continúa la presión sobre los precios.

Sólo una economía disfuncional -marcada por el creciente déficit fiscal y la emisión monetaria para financiarlo- explica que ante una retracción de consumo se sostengan, e incluso avancen, los precios.

El gobierno niega que haya una caída generalizada del consumo -sólo reconoce problemas en el sector automotriz- y viene echando mano de una serie de planes destinados a mitigar el problema estructural de la economía argentina, donde vastos sectores pierden competitividad, mientras la productividad refleja un retroceso.

Esos planes comenzaron aún antes de que Cristina Fernández fuera reelecta, cuando las reservas empezaron a evaporarse por la fuga de capitales generada por la desconfianza en el rumbo económico.

En noviembre de 2011, y con los primeros pasos de las restricciones cambiarias ya en curso, Mercedes Marcó del Pont, entonces al frente del BCRA, se reunió con uno de los principales banqueros de la city.

El hombre de negocios se fue del encuentro azorado: le había advertido a la mandamás de la política monetaria que las medidas provocarían una caída de los depósitos en dólares en los bancos, y la respuesta lo dejó helado.

“Estás equivocado, una cosa no tiene nada que ver con la otra”, lo trató de convencer Marcó del Pont, quien tiempo después sería relevada del cargo. Los especialistas consideran que el confuso manejo de la política monetaria durante la gestión de Marcó del Pont al frente del BCRA contribuyó a llegar a este presente, pero advierten que la raíz de la sequía de divisas radica en la ausencia de inversión extranjera directa y el cierre de canales externos para el financiamiento, por desconfianza.

El problema -agudizado por el error de cálculo en el litigio con los fondos buitre- está afectando las importaciones en sectores clave, como el automotriz, donde el BCRA -ahora en manos de Juan Carlos Fábrega, más respetado por el sistema financiero- redujo casi a cero la liberación de dólares.

Fábrega se atrincheró sobre las reservas porque es consciente de que la autoridad monetaria afronta un fuerte deterioro patrimonial.

Por primera vez desde la crisis de 2001, la deuda en Letras (Lebac) y Notas (Nobac) ascendió a 241.000 millones de pesos y superó a las reservas internacionales, estimadas en $240.500 millones a un tipo de cambio de $ 8,40.

Para el economista Luis Secco, “sobran pesos, hay una gran cantidad no deseada, y como se sabe que van a perder el poder adquisitivo producto de la inflación, la gente se vuelca a la compra de dólares, bienes o el sustituto más cercano que se le encuentre”.

Rodolfo Santángelo, de M&S Consultores, advirtió que el BCRA está “demasiado endeudado” con el sistema bancario.

En el 2001, la Argentina quebró entre otras razones porque el Estado no pudo pagar los bonos a los bancos, que a su vez quedaron imposibilitados de devolver los depósitos, que la gente retiró a raudales hasta que le impusieron el corralito.

Casi trece años después, el país parece lejos de aquel abismo, pero las inconsistencias se van sumando, y la fuerte caída en el precio de la soja, que la cosecha récord de Estados Unidos podría profundizar a niveles de 300 dólares la tonelada en los próximos meses, genera paralelismos incómodos con el escenario internacional adverso que le tocó padecer a Fernando de la Rúa.

Kicillof ya reconoció que el mundo le está dejando de comprar a la Argentina y preparó el terreno para profundizar el esquema de “vivir con lo nuestro”.

Pero a su vez convenció a la presidenta con datos de dudosa rigurosidad, porque de lo contrario no se explicaría que la mandataria haya asegurado que el dólar se está depreciando en el mundo -para pedir que la gente no los compre-, cuando los datos arrojan lo contrario y explican por qué Chile y Uruguay devaluaron.

El ministro es consciente de que para pagar la deuda en dólares del próximo año necesitará u$s 12.000 millones, equivalentes a 40% de las reservas del Banco Central.

Y por ello Fábrega negocia contra reloj activar el “swap” por u$s 11.000 millones con China para cumplir en forma algo más holgada con los vencimientos de deuda que vienen y desembolsar, por ejemplo, u$s 800 millones pendientes de importaciones de partes de motos y de la electrónica de Tierra del Fuego.

Como suele ocurrir, las malas noticias llegan en los peores momentos, por lo que todo indica que habrá que prepararse para atravesar un 2015 más complicado que este 2014, y el gobierno extremar la coordinación de variables económicas si quiere evitar otra crisis de magnitud que dispare la pobreza y haga retroceder el Producto Bruto otra vez.

La duda mayor es si, como sostiene el gobierno, existe una voluntad pago de la deuda en default y, como se rumorea en los mercados, se concretaría la intención de acordar con los fondos especulativos a partir de enero próximo con el fin de volver a los mercados.

Cualquiera sea el escenario, habrá que acostumbrarse a ajustarse el cinturón por un tiempo prolongado.

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