El resto fue silencio
Sin poder precisar ahora y con exactitud sus límites, en la práctica la celebración del centenario de La Capital y su consecuente propia cobertura periodística se extendió desde muchos meses antes del 15 de noviembre de 1967 hasta bastante tiempo...

Sábado 10 de Noviembre de 2012

Sin poder precisar ahora y con exactitud sus límites, en la práctica la celebración del centenario de La Capital y su consecuente propia cobertura periodística se extendió desde muchos meses antes del 15 de noviembre de 1967 hasta bastante tiempo después de esa fecha. Igual que las avalanchas, nació con algunas piedritas rodando por aquí y allá, se potenció con las primeras rocas a las que siguieron muchas otras que, incontenibles y ensordecedoras, arrasaron todo y terminó con otras piedritas también cayendo por aquí y allá. Como antes del comienzo, el resto fue silencio.

Tal fenómeno periodístico-social, que de eso se trató en el fondo, sucedió porque, junto con la planificación, puesta en marcha y desarrollo de los nuevos productos periodísticos encarados para la ocasión (magazines, suplementos, etcétera), hubo que cubrir periodísticamente la novedosa y creciente ola de homenajes, todos inevitables y, con matices, cada cual más importante; como siempre, según desde el punto y con el cristal que se lo mire. Tamaña ola obedeció a dos razones esenciales y, como mínimo, cuatro aleatorias.

Las primeras: a) la importancia intrínseca del acontecimiento, pues La Capital fue el primer diario argentino en llegar a los 100 años (La Prensa y La Nación, los otros dos medios que le seguían en ese orden, lo hicieron el 18 de octubre de 1969 y el 4 de enero de 1970, respectivamente), y b) la enorme y férrea simbiosis de esta hoja con sus lectores y con el ámbito social en que, desde todos los niveles, una y otros se desenvuelven, complementándose de manera concreta y harto beneficiosa para todos.

Las restantes: a) la decisión por parte del diario de poner en marcha tempranamente la celebración, b) el compromiso de hacerlo con amplitud de criterios e ideas, y con todos los recursos que fueran necesarios, c) la generosidad periodística con que, aún a riesgo de convertirse en un auto cepo (ya se verá que así sucedió), se retribuyeron las primeras muestras de afecto, actitud en la que, con los vaivenes propios ante posibles desbordes, se persistió, sabiamente, hasta el mismo final, y d) la valoración positiva del órgano periodístico por parte de lectores e instituciones, algo que hizo que casi nadie dudara pensando en que podría estar siendo arrastrado de manera inconsciente por una corriente de imitación.

Una labor complicada. Debido a estas razones y a otras que, sin dudas, se le escapan a quien aquí escribe, el hecho es que trabajar en la redacción de La Capital durante ese año resultó un poco complicado para muchos, de manera especial para aquellos que tuvieron que ver propiamente con el fenómeno del centenario, fundamentalmente los reporteros y cronistas más jóvenes. Es que, además de atender a una temática tan demandante como ésa, el diario tuvo que seguir brindando la información normal 1397059140vasta y compleja, siempre- de todos los días.

Para colmo, debió hacerlo prácticamente sin refuerzos de personal y sin que ni siquiera se hubiera considerado la posibilidad de que, quizás, lo más aconsejable hubiera sido que se creara un equipo especial, aunque más no fuera modesto, que se dedicara a atender con exclusividad el trabajo mayor por el centenario. Obviamente, la tarea extra fue retribuida como correspondía según la ley, en parte acotada por los parámetros propios que imponen las costumbres en las redacciones. Es decir: ordinariamente los periodistas no abandonan una tarea porque concluyó su horario de labor. Hacerlo sería pecado. Se retiran recién cuando la terminan, cuando la nota ya está lista para comenzar el proceso técnico que acabará con la impresión. Normalmente, esos excesos se compensan con menos horas de labor en las jornadas siguientes, o, lo que es más habitual, con las acumuladas previamente. En otras palabras: como en una especie de cuenta corriente, una mano lava a la otra y todos, limpitos y contentos.

El "portaviones de la flota". Descontando a quienes escribieron para los magazines y suplementos, casi toda la responsabilidad por la cobertura de esa actividad extra recayó en Información General, entonces la sección más grande de la redacción y con mayor cantidad de periodistas fogueados en la calle. Estaba a cargo de dos flamantes jerárquicos: Raúl Eduardo Racamato (jefe) y Justino Ricardo Caballero (segundo), hoy lamentablemente fallecidos.

Junto con Información General, verdadero "portaviones de la flota" —así decía el admirado y recordado "gordo" Oscar Raúl Cardoso de su diario Clarín y respecto del grupo de empresas del que éste formaba parte-, en la cobertura del centenario también tuvo importante desempeño la sección Fotografías, en ese tiempo encabezada por Dante Yuvone (jefe) y Ricardo Lomazzi (segundo), ambos también fallecidos. Trabajó con un poco más de holgura que Información General, porque, a raíz de que los fines de semana desbordaban de actividad deportiva e hípica, era habitual la contratación de refuerzos supernumerarios

Nada más que una idea. Para tener nada más que una idea de lo que representaba en ese tiempo la sección Información General basta tener en cuenta que, descontadas las actividades específicas de Deportes, Espectáculos, Sociales, Comercio (casi con exclusividad, cotizaciones recogidas en la Bolsa de Comercio y por medio de agencias), Hípicas, Policiales, Literarias, Interior, Capital Federal y Exterior, así como la labor de las secciones de apoyo (Archivo, Dictáfonos y Corrección), todo lo demás estaba a cargo de Información General.

Su competencia tenía que ver con la cobertura de campo de los hechos relacionados con los distintos niveles de la política, la educación, la cultura, el sindicalismo, la actividad empresaria y las de la mayoría de los clubes, la ciencia, la sociedad en general, las manifestaciones y los disturbios de cualquier tipo, los actos oficiales, los festejos de Carnaval, las procesiones religiosas, las inundaciones y otros fenómenos naturales, las epidemias, los compromisos empresarios, las visitas de autoridades y personalidades destacadas, más todo lo que uno pueda imaginar, excepción hecha, como se dijo, de las específicas de las otras secciones. Como los boys scouts, Información General estaba "siempre lista"

Cotidianamente, el trabajo en el "portaviones" era grande, significativo y, en gran medida, de calle, aunque había también una importante labor de "cocina" con la infinidad de gacetillas que enviaban organismos oficiales y entidades particulares de todo tipo. Aunque suene quizás algo exagerado, a esa actividad y a ese mismo plantel de trabajadores hubo de sumársele, a lo largo de 1967, todo lo atinente al centenario, que comenzó siendo una experiencia manejable según los cánones, pero que después amenazó con salirse de control.