Domingo 14 de Diciembre de 2008
Buenos Aires. — El mexicano Jesús Martínez Espinoza, procesado por liderar la banda que había montado un laboratorio para fabricar drogas sintéticas en Ingeniero Maschwitz, es considerado por los investigadores como el químico que realizaba los procesos para producir metanfetaminas.
En el fallo que firmó la semana que termina, el juez federal de Zárate-Campana Federico Faggionatto Márquez hizo un detalle pormenorizado de las funciones que cumplía Martínez Espinoza y sostuvo que impartía "directivas precisas a su séquito de subordinados, tanto mexicanos como argentinos, quienes le respondían sin objeciones".
"Los obreros trabajaban en horas nocturnas para no llamar la atención, siempre bajo la batuta y férula de Martínez Espinoza, el químico que llevaba a cabo en la quinta de Ingeniero Maschwitz los procesos para producir metanfetaminas", afirmó el juez.
Descabezados. Según el fallo, el presunto jefe narco, con la ayuda de al menos una decena de personas que vivían en la casa allanada el pasado 17 de julio, también extraía pseudoefedrina del medicamento Loratadina para utilizarlo como precursor químico y así producir el estupefaciente, el cual luego era contrabandeado a México.
Para el juez, a través de su pesquisa "se ha descabezado una inédita e importante organización delictiva dedicada a la fabricación y tráfico internacional de sustancias estupefacientes, la cual presenta diversas ramificaciones".
"No encuentro anteriormente en nuestra República Argentina que se haya dado con laboratorios clandestinos destinados a la fabricación de metanfetaminas, droga sumamente peligrosa y cuyas consecuencias para quienes la consumen resultan nefastas", remarcó.
Según el magistrado, hasta ahora tampoco se había descubierto "la instalación de esta clase de organizaciones mancomunadas entre extranjeros y nacionales, del tipo cártel", que recordó que se trata de una "agrupación de personas que persiguen fines ilícitos".
Esta banda se constituyó como consecuencia de la prohibición total de ingreso de efedrina a México y en la causa se pudo determinar que es una actividad mucho más rentable que la elaboración de clorhidrato de cocaína.
Yo no fui. Al ser indagado, Martínez Espinoza —que cumple prisión preventiva en el penal de Marcos paz— negó haber realizado actividades ilícitas en la quinta de Maschwitz y afirmó que le había alquilado dos habitaciones al entonces novio de una de sus hijas, Marco Aurelio Lailson Rizo, para que almacenara cosméticos.
El imputado negó ser el químico de la organización, dijo que ignoraba por completo el proceso para elaborar metanfetaminas y que quien seguramente sabía hacer esa tarea era su yerno, a quien acusó de ser "miembro de una banda delictiva de Guadalajara".
Sin embargo, hay numerosos testigos que aseguran que el mexicano concurría asiduamente a ese lugar y que otros ocho compatriotas y un argentino (el detenido Luis Tarzia) "trabajaban" permanentemente allí y sólo descansaban cuando Martínez Espinoza se iba.
Incluso, el testigo Armando Juliani —que llevaba comidas a la quinta— aseguró que el 16 de julio pasado lo vio con una manguera en la mano tirando agua sobre el techo de tejas y un árbol de la casa, a raíz de un incendio que se había producido en la vivienda.
Olores. Según consta en el fallo, el mismo testigo sostuvo que el laboratorio estaba montado en la galería de la finca, donde vio garrafas de gas, caños, mangueras, amoladoras y un soldador eléctrico y que se sentía un fuerte olor a químicos en el lugar.
Martínez Espinoza también negó haber comprado gran cantidad de loratadina en una farmacia de Sarmiento al 1300 de la Capital Federal, pero una de sus dueñas, Ana María Nahmod, lo confirmó e incluso dijo que cuando entró en confianza con el mexicano le anotó su número de teléfono en el celular bajo el apodo "jefe de jefes".
El juez también probó en el expediente que el acusado se contactó con Sebastián Forza, una de las víctimas del triple crimen de General Rodríguez, "para adquirir una droguería, ya que ello le facilitaría a la organización delictiva que comandaba, poder acceder directamente a la provisión de clorhidrato de efedrina o pseudoefedrina". l (Télam)