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"El público sabe que lo que vea hoy no va a volver a verlo nunca más"

El bailaor sevillano Farruquito y su compañía presentarán el espectáculo "Baile Flamenco", hoy a las 21, en el Auditorio Fundación Astengo, Mitre 754. El bailaor Juan Manuel Fernández, "Farruquito", es el hijo del cantaor Juan Fernández Flores, El Moreno, y de la bailaora Rosario Montoya Manzano, La Farruca.

Miércoles 25 de Abril de 2012

Farruquito y su compañía presentarán el espectáculo "Baile Flamenco", hoy a las 21, en el Auditorio Fundación Astengo, Mitre 754. El bailaor Juan Manuel Fernández, "Farruquito", es el hijo del cantaor Juan Fernández Flores, El Moreno, y de la bailaora Rosario Montoya Manzano, La Farruca. Heredero de una escuela fundada por Farruco, su abuelo, el artista pasó su vida inmerso en el arte flamenco más puro. Tras sus actuaciones en Nueva York y Boston, el diario New York Times lo consideró "el mejor artista que pisó la gran manzana en 2001".

Tras la piedra fundacional que puso Farruco, el edificio que hoy sigue construyendo Farruquito se levanta desde que, con apenas 4 años, debutó bailando en Broadway. A los 8 presentó su primera temporada artística en Madrid y a los 11 intervino en el videoclip "Camarón Nuestro" y luego en la película "Flamenco", de Carlos Saura, bailando junto a su antecesor y maestro, El Farruco. Después se sucedieron los espectáculos junto a su familia. Tras la muerte de Farruco en 1997, Farruquito asumió la responsabilidad de perpetuar la estirpe. Desde entonces baila en los escenarios del mundo proponiendo cada vez algo diferente. "El que venga hoy verá algo distinto si viene mañana" podría ser el slogan de "Baile Flamenco" ya que, según Farruquito "el espectador ve que una cosa que está naciendo en el mismo momento del espectáculo, entonces el público sabe que lo que vea hoy no va a volver a verlo nunca más".

El bailaor, de 29 años, habló con La Capital desde su casa en España y anticipó lo que hará esta noche en Rosario.

-¿Como nieto de Farruco e hijo de la Farruca, el peso de la tradición se siente en el momento de salir a escena?

-Pues claro que se siente. Es una gran responsabilidad. No es lo mismo tener cualquier nombre que llevar el nombre del abuelo Farruco. Estoy expuesto y al mismo tiempo es un orgullo y creo que una ventaja haber vivido el flamenco desde la casa, que es como se vive la cosa más verdadera y más cercana.

-¿Qué cambios experimenta la danza cuando sale de los patios y llega a los escenarios?

-Es un mundo totalmente diferente. El baile fiestero, como decimos los flamencos de un patio de vecinos de Triana o de cualquier fiesta flamenca de cualquier sitio, no tiene absolutamente nada que ver con el baile profesional que los flamencos intentamos llevar a un escenario. Aunque tenemos una estructura de espectáculo, lo que a mí y a mi familia siempre nos ha gustado es no olvidar nunca esa frescura y espontaneidad del baile fiestero de la calle. Nos gusta seguir conservando la tradición de llevar esa naturalidad y esa verdad de la calle, que es de donde viene el flamenco, al escenario.

-Teniendo en cuenta que debutó siendo un niño de 5 años, ¿esta profesión no ocultó otra vocación artística?

-A mí me hubiera encantado ser cantaor, porque el canto me gusta más que el baile; lo que pasa es que canto peor que un grillo "mojao" (risas). Nunca he tenido facultad para cantar. Lo que sucedió fue que mi padre, que era Juan el Moreno, cantaor, me inculcó una forma de aficionarme al cante y me decía que el flamenco venía del cante, que es el origen. Intenté aficionarme al cante y la verdad es que me ha ayudado mucho a la hora de bailar porque, entendiendo los estilos diferentes que hay, -la soleá, por ejemplo-, eso ayuda a la hora de poder expresar y de "bailarle al cante", como nosotros decimos.

El flamenco, como el tango argentino, el jazz y la bossa nova, tiene una personalidad fácilmente reconocible. ¿A qué atribuye esa personalidad tan fuerte?

-Creo que lo que impresiona al público es la fuerza, la naturalidad y, sobre todo, la autenticidad que tiene el flamenco. Hace falta entender el flamenco para emocionarse. En el flamenco hay mucha pasión, hay que tener una conexión con el público porque hay muchísima improvisación. Estoy hablando del flamenco que nosotros intentamos hacer. No hablo del flamenco en general porque hay muchísimas formas de interpretar y cada uno, pues lo hace a su manera. Nosotros, el flamenco que entendemos y que hemos aprendido de nuestra familia, es un flamenco improvisado, tradicional, de antes; de bailar por soleá", sin ensayar, con cualquier cantaor a ver lo que surge. Y creo que eso al espectador le gusta, porque ve que la cosa está naciendo en el mismo momento del espectáculo; entonces el público sabe que lo que vea hoy no va a volver a verlo nunca más.

-¿Qué distingue a la escuela de Farruco?

-Los entendidos de baile flamenco saben que el maestro Farruco creó una forma totalmente diferente de bailar, pero es difícil explicarlo con palabras porque, claro, no son simplemente detalles significativos, sino que es una manera de entender el baile macho flamenco. El baile de Farruco es un baile que surgió de él, que no se parecía absolutamente a nadie. Es más, nos hizo mucho hincapié a nosotros a la hora de decir: "No intenteis imitar a nadie. Si uno está bailando de una manera, intentad vosotros bailar de otra". Entonces a esa diferencia hay que verla.

-¿Qué matices del flamenco tradicional muestran?

-Nosotros nos basamos en un conocimiento de la tradición que, además, intentamos conservar, porque hoy en día se está desvirtuando. Por eso el espectáculo se llama precisamente "Baile flamenco", porque, de alguna u otra forma, hemos querido reivindicar ese baile flamenco que se está perdiendo y es simplemente un baile que no está ligado a otras tantísimas cosas ni con otras danzas. Es un baile de tradición que tiene que ver con la personalidad de cada uno y con la actualidad que hoy día nos caracteriza a los jóvenes, -porque somos todos jóvenes los que bailamos-. Lo que no estamos haciendo es beber de otras fuentes que no sean las del baile flamenco.

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