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El PT de Lula da Silva, en su momento más crítico

El PT es investigado hoy por supuesto cobro de sobornos y lavado de dinero en la megacausa de corrupción que estalló en Petrobras

Domingo 29 de Marzo de 2015

Hace 35 años, en plena dictadura, un Luiz Inácio Lula da Silva de camiseta, pantalón vaquero y barba negra daba nacimiento con su firma al izquierdista Partido de los Trabajadores, que llegaría al poder en Brasil en 2003 y no lo abandonaría más. Pero la épica de su fundación en 1980 parece muy lejana. El PT es investigado hoy por supuesto cobro de sobornos y lavado de dinero en la megacausa de corrupción que estalló en Petrobras, mientras la economía del país cruje, la popularidad de la presidenta Dilma Rousseff se derrite y sus aliados presionan por cuotas mayores de poder. ¿Cicatrices tras 12 años de gobierno o las consecuencias de una forma de hacer política en Brasil?

   Para el profesor Carlos Pereira, de la escuela de administración pública de la Fundación Getulio Vargas “el partido está sufriendo mucho. Un partido que nació con la bandera de la ética y es responsable por el mayor escándalo de corrupción de la historia es natural que pierda legitimidad”.

El precio de la coalición. En Brasil, ningún presidente logra gobernar sin una base aliada fuerte que le garantice mayoría en el Congreso. En su primer gobierno (2003-2006), Lula forjó una coalición muy amplia de fuerzas heterogéneas sin dejar de priorizar a las corrientes internas a la hora de repartir presupuesto y cargos, explicó el académico. “Con el paso del tiempo los partidos externos ya no estaban dispuestos a apoyar sin recibir nada a cambio. La corrupción que se desarrolló dentro del PT es fruto de esa decisión de cómo relacionarse con sus aliados”, dijo.

   Haber cimentado una estructura multipartidaria creó un vínculo intrincado entre el Ejecutivo y el Congreso. Eso es lo que reflejan los episodios recientes protagonizados por el PMDB (Partido del Movimiento Democrático, centro), principal socio del PT en el gobierno, que trabó varios proyectos a Rousseff con un ahínco inversamente proporcional a la caída de popularidad de la mandataria. La cientista política Débora Messenberg, de la Universidad de Brasilia, también suscribe la tesis del pragmatismo: “Después de perder tres elecciones hubo un cambio adoptado por el núcleo duro del partido de que para ganar elecciones tenían que entrar en el juego político establecido”, dijo la analista, para quien ese movimiento alejó al PT de sus primeras banderas.

   Varios ex jerarcas del PT fueron condenados a prisión por pagar sobornos a legisladores de la coalición a cambio de votos durante el primer gobierno de Lula, en el histórico juicio del mensalao.

Futuro. La irritación de sectores antagónicos al partido de la estrella y el caso Petrobras se convirtieron en los motores que impulsaron a más de un millón y medio de personas a protestar contra Rousseff hace unos 10 días atrás, algunos incluso reclamando su destitución. “Y que se lleve al PT con ella”, decía un eslogan usado en las marchas por decenas de ciudades. “La derecha más extrema de Brasil ahora se consolidó, está nítida, ahora manda a sus hijos a las calles (...) Ese grupo viene con odio, con una agenda completamente absurda, contra todo”, dijo el diputado Sibá Machado, líder de la bancada oficialista en la Cámara baja.

   Lincoln Secco, autor del libro “Historia del PT”, cree que la indignación contra el gobierno no es nueva, pero lo nuevo es que parte de la clase trabajadora que salió de la pobreza “está pasando a la oposición”. “El problema del PT es el modelo de gobierno que generó, de impacto social rentista. Cuando la crisis económica se instala, el gobierno no consigue sustentar las expectativas del nuevo modelo de vida” y se le vuelve en contra, dijo.

Autorrevisión. Con el tesorero del partido, Joao Vaccari Neto, acusado de lavar dinero y señalado como un supuesto distribuidor de la renta ilegal de Petrobras, la desembocadura de la crisis no está a la vista. “Para recuperar la autoridad moral, el partido necesitaría tomar medidas duras de autorrevisión. Apartar de inmediato a todos los investigados hasta que terminen los procesos. Tendría que colocarse al frente del proceso en lugar de permanecer en una postura defensiva que lo desangra día a día”, dijo André Singer, ex vocero de Lula, al periódico Folha de Sao Paulo.

   Pero con casi cuatro años de mandato por delante y una fuerza de 64 diputados, 14 senadores, 5 gobiernos estaduales y 1,7 millón de afiliados, el PT tiene herramientas para la resiliencia, según Secco. “Si no es colocado en la ilegalidad por sus adversarios, con un impeachment (juicio político), va a seguir monopolizando la opción de una izquierda posible en la sociedad brasileña. Hasta que surja una alternativa. Pero no veo eso en un horizonte próximo”, remató.

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