El "presidente inesperado" que dejó otra Argentina
Sabedor de que representaba a una nueva generación, que había tenido su bautismo político en la azarosa década del 70

Sábado 25 de Mayo de 2013

El 25 de mayo de 2003 Néstor Kirchner fue consciente de que su menguada legitimidad de origen (22 por ciento de los votos) debía ser revertida a partir de decisiones que pudieran revivificar el lazo de confianza con la sociedad. Sabedor de que representaba a una nueva generación, que había tenido su bautismo político en la azarosa década del 70, refrendó su acceso a la Presidencia haciendo gala tanto de una serie de convicciones que se estimaban olvidadas como de una férrea voluntad para enfrentar los obstáculos.

Sus primeras decisiones rompieron con el estilo y la sustancia de los gobiernos precedentes: pase a retiro de lo que quedaba de la generación de militares comprometidos con violaciones a los derechos humanos, intervención del Pami (diezmado por la corrupción del menemismo y la Alianza) y renovación de la Corte Suprema. Más tarde llegaron la renegociación de la deuda externa, el rechazo a las propuestas del FMI, la derogación de las leyes de punto final y obediencia debida, que abrió la posibilidad de enjuiciar a los responsables del terrorismo de Estado —convirtiendo a la Argentina en un arquetipo en defensa de los DDHH— y un marcado viraje de la política exterior que culminó con el rechazo al Alca para reencontrarse con un destino latinoamericano, enterrando los delirios "primermundistas" de la década del 90.

Asimismo, el incremento de la obra pública, la reapertura de las paritarias y el cambio de paradigma en la administración de los recursos se reflejó en un marcado descenso de la desocupación y la pobreza. El Estado había recuperado su dinámica, la política primaba y marcaba nuevas reglas de juego a los actores económicos.

Se restableció la autoridad presidencial a partir de fortalecer un vínculo directo sin mediación partidaria entre líder y ciudadanía, dando origen a uno de los rasgos distintivos del régimen político kirchnerista. Néstor Kirchner eligió como antagonista de sus propuestas al neoliberalismo representado por los gobiernos de Menem y la Alianza. En este sentido criticó fuertemente tanto al PJ como a la UCR y fue reticente a entablar un diálogo político institucional.

Lanzó su llamado a la transversalidad y a la conformación de un frente nacional, progresista y plural donde confluyeran partidos y organizaciones sociales. Esta iniciativa unge al kirchnerismo de una vestimenta movimientista novedosa, al mismo tiempo que trastorna la escena política con vistas a las elecciones presidenciales de 2007, donde los partidos fueron reemplazados por coaliciones.

El kirchnerismo había encontrado la fórmula para mantener una expectativa de continuidad a largo plazo: la de plantear una repetida sucesión presidencial con la alternancia en la primera magistratura entre Néstor y Cristina. La fórmula oficialista obtuvo algo más del 45 por ciento de los sufragios, casi duplicando a los siguientes.

El segundo ciclo kirchnerista se inaugura con el estallido de la protesta de las entidades rurales frente al cambio del régimen de retenciones a los productos agropecuarios. La impugnación recaía sobre los mecanismos de toma de decisiones sin consulta previa a los actores interesados y la aplicación de control estatal.

Fue un punto de clivaje en la estrategia política kirchnerista, se dejaron de lado las ideas de transversalidad y se apostó al antagonismo y a la movilización para cerrar filas frente a lo que se visualizó como un "momento destituyente".

El gobierno no perdió la iniciativa y avanzó con la estatización de Aerolíneas Argentinas y la finalización del régimen de AFJP. Las elecciones legislativas de junio de 2009 representaron el momento de mayor divorcio con las expectativas sociales, a pesar de lo cual se reforzó la apuesta y por decreto del PEN se estableció la Asignación Universal por Hijo y se impulsó la ley de medios que será promulgada en octubre de 2009.

La sorpresiva muerte de Néstor Kirchner (octubre de 2010) conmueve a la sociedad argentina e impacta a Latinoamérica. Sin embargo, el dolor de la pérdida fue convertido en fortaleza por sus seguidores y el "modelo" será ratificado en las elecciones de octubre de 2011 con una adhesión del 54 por ciento.

Diez años después de la llegada de aquél "presidente inesperado" que "no dejó sus convicciones en la puerta de la Casa Rosada" la Argentina es otra. Las transformaciones económicas, sociales y culturales producidas en la década son inconmensurables, pero quizás lo más importante haya sido devolverles a los argentinos su autoestima, desbaratar el "discurso único de la imposibilidad" establecido en los 90, y demostrar que el Estado puede tener un rol activo en la mejora de las condiciones de vida de los ciudadanos.