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El presente de Central

Central no llegó a primera por un gol. También es cierto que en los últimos seis partidos no solo no ganó, perdió de manera deplorable ante Chacarita y Desamparados -ambos descendidos- sellando su suerte y generando efectos angustiantes para su futuro.

Martes 10 de Julio de 2012

Central no llegó a primera por un gol. También es cierto que en los últimos seis partidos no sólo no ganó, perdió de manera deplorable ante Chacarita y Desamparados -ambos descendidos- sellando su suerte y generando efectos angustiantes para su futuro.

En realidad si analizáramos con rigor el comportamiento del equipo a lo largo del torneo, llegaremos a la conclusión de que en un gran porcentaje sus actuaciones fueron mediocres, excepto la dinámica que a mi juicio tuvo particularmente hasta el momento que se lesionó Mozzo, un jugador clave por ser el único tiempista y conductor táctico dentro del campo de juego. Cuando éste no estuvo pudo advertirse claramente el raquítico comportamiento defensivo de mitad de cancha hacia atrás.

A ello debemos sumarle los desatinos promovidos por el técnico con modificaciones permanentes que se agudizaron con la lesión de Lequi, que sufrió una metamorfosis increíble cuando regresó. Nadie podrá entender jamás por qué Pérez, un chico que debutó en primera a los 23 años, luego de jugar siempre de marcador central y ser derecho, apareció marcando punta izquierda. Por ahí desfilaron con asiduidad Rivarola, que ya no está para esa tarea, las piernas y la cintura acusan su edad para el puesto. Zarif, que es un ejemplo como profesional pero no se le puede pedir que juegue en cuatro puestos distintos, cuando con mucho esfuerzo y voluntad está para marcador por derecha y punto. Ricky fue otro ejemplo de insensatez. Volante por izquierda, posición que abandonaba con frecuencia para cerrarse y generar más confusión en el medio, cuando no ocupó el meneado puesto de marcador de punta.

Me pregunto además: ¿quién le dijo a Pizzi que Ricky Gómez le pega bien a la redonda? Ejecutor constante de pelotas paradas no embocó una a la cabeza de sus compañeros, salvo excepciones. Pero como si todo esto fuese poco, y sin soslayar las alternancias de Alderete y Vismara en el medio, dos jugadores completamente distintos, también nos quedamos sin una explicación seria sobre la espasmódica presencia de Biglieri cuando parecía que empezaba a funcionar por la banda derecha; el abrupto decaimiento físico de Medina y la inaudita presencia del chileno Monje en el plantel son otros puntos oscuros. Y para rematarla: Valentini de marcador de punta izquierdo en el puesto cuyo único jugador posible de ocuparlo, Delgado, no sabemos por qué desapareció del plantel. Rescatemos al pibe García, a pesar de un par de macanas, Ferrari, Méndez, el único que la pedía y la buscaba, y Castillejos, que más no pudo hacer. Algunos todavía repiten como una letanía que hizo goles de casualidad. Será que estoy viejo, pero lo primero que se me ocurre pensar cuando escucho estas cosas es en el extraordinario goleador que fue Luis Artime. Toda la vida dijeron las mismas boberías de él. Aquel goleador empedernido conquistó 289 tantos y siempre lo discutieron. Ojalá al noble Castillejos le ocurra lo mismo. Antes mencioné a Monje. Tampoco está muy claro, o nada claro, lo de Salinas y Lombardi, por no seguir con Toledo que poco aportó, Carrizo que a más de dos años de su debut en primera sigue siendo un híbrido y Peppino junto a Talamonti, lo de este último es una pena, que restaron más de lo que sumaron.

Pero es obvio que la reponsabilidad no es exclusiva de los jugadores. El cuerpo técnico, particularmente Pizzi, un hombre correcto y serio, pudo haber corregido algunas cosas, pero me da la impresión de que la tozudez le ganó a la sensatez. Además quedó debiendo una conferencia de prensa que hubiera sido importante para aclarar algunos de los interrogantes que aquí abrimos. Entiendo que pese al fracaso las puertas de Central deben quedar abiertas para él. No creo en el verso de los técnicos como Basile, que pregonan formaciones que la gente debería repetir de memoria, pero es inadmisible producir cambios de a tres y de a cinco por partido cuando el equipo, aun con las limitaciones ya expresadas, ganaba. Barrunto la incertidumbre de los jugadores, sabedores de la inestabilidad conceptual del técnico, que rara vez modificaba el planteo de juego, al menos inicialmente; sí las piezas.

Muchas cosas podrían haberse evitado. Aunque estoy seguro de que no fue su intención, más de uno se sintió minimizado. Pregunto como tantos si en este plantel no tenían cabida chicos con grandes condiciones como Costa y Coniglio. De haber estado ambos se hubiera logrado ahorrar dinero malgastado en jugadores que pronto serán olvidados, y simultáneamente éstos hubieran adquirido una experiencia que deberán hacer ahora en el nuevo plantel de Russo.

A propósito de éste, nadie puede, al menos en Central, dudar de sus condiciones. Hoy parece el hombre ideal. Pero cuidado. La gente está hipersensibilizada. No hay margen para fantasías sin que esto signifique renunciar al objetivo inclaudicable de estar en primera dentro de un año. Pero no se puede permitir ni un solo minuto que algunos pícaros echen a rodar nombres de jugadores que podrían llegar a Central. La sola mención de Riquelme y Teófilo Gutierrez es subestimar la perspicacia del centralista. ¿Quién puede pensar seriamente que con un ex jugador de fútbol y un malevo se resuelve la cuestión? Lo de Central es mucho más complicado. Russo lo sabe y es de esperar que los dirigentes también. Para ello habrá que apostar a algunas cuestiones. Aspirar a un liderazgo que no logró Pizzi, iniciar la tarea reparadora de ascender, al mismo tiempo que robustecer el funcionamiento de las divisiones inferiores en consonancia con un proyecto totalizador con vistas al futuro y especialmente entender que Central necesita de una dirigencia que entienda como esencial que su tarea debe ser, algo que no ocurrió hasta el momento, intrínsecamente política. Así es la cosa. El presidente es el primero que debe entenderlo. Le escuché decir en un programa partidario que él estaba en Central para gestionar, que no entendía de política ni de fútbol. Estimado Norberto Speciale, me permito respetuosamente decirle que un buen administrador se puede contratar, hacer un concurso y lograr uno calificado, obviamente supervisado por la comisión directiva. Un presidente no. Usted no está al frente de una de las instituciones más prestigiosas del país por generación espontánea. Lo eligieron miles de personas. Lo observan diariamente muchos más. Su responsabilidad es primordialmente política y no hay motivos para pensar que no está capacitado para ello. Sólo debe asumirse como tal y mejorar la relación con el periodismo, aceitar los contactos con la AFA y los clubes, recomponer vínculos con el gobierno provincial, escuchar a todas las agrupaciones internas, sincerar la situación de algunos dirigentes, solicitar la renuncia de quien corresponda y junto a los demás integrantes de comisión directiva, conozco a algunos de talla y prestigio bien ganado, iniciar una nueva etapa. Sangre azul y amarilla le sobra. Carácter también. Haga sana política en beneficio de Central, de la misma manera que lo hizo cuando arribó a donde está. Lo contrario, como decía el sofisticado Dante Panzeri, será querer ponerle cenicero a la moto.

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