Martes 18 de Septiembre de 2012
Avenida Sorrento, un de las tantas de nuestra ciudad. Cae al piso un potrillo que tira de un carro. Cae dolorido, enfermo. Tiraba de un carro que llevaba una carga imposible de trasladar con su pequeño cuerpo lastimado. Sus patas débiles, sangraban. Le ardían. Tenía los ojos tapados pero escuchaba el ruido de los motores de los autos que pasaban a su alrededor. Olía la combustión de los gases de los escapes de los colectivos. Lo asfixiaban. Minutos antes de su caída, todo eso lo mareaba y no entendía lo que pasaba. Caminaba cada vez más despacio, y de repente sintió un golpe en su cabeza. Era el látigo que lo castigaba sin piedad. También golpeó una de sus orejas. No dio más, no pudo más. Era ya el mediodía. Hacía frío. No comió ni tomó agua en toda la mañana. Sentía un dolor horrible por el golpe despiadado y una puntada en el vientre. Era una infección. Cayó desplomado. Ya en el pavimento frío y húmedo, su corazón latía muy rápido. Estaba agitado, respiraba con dificultad. Sus patas no estaban herradas. Un alma buena se apiadó y llama al comando. El pobre animal, sin entender el motivo de tanto sufrimiento intentó levantarse. No pudo. Su cuerpo famélico y ulcerado no pudo más. Llegaron al lugar las autoridades. Un veterinario también acudió a socorrerlo. Estaba muy enfermo y mal herido. "Hay que sacrificarlo", dijeron. El profesional arbitró los medios para tal procedimiento y el caballito murió. ¿Qué hubiera dicho si tuviese la capacidad de hablar? ¿Cuáles hubieran sido sus palabras?: "¿Por qué me golpean? Tengo hambre y sed. ¿Por qué no me dan agua y algo de comer? ¿Hice algo malo? Mi lugar es el campo, quiero correr al sol, sentir el viento en la cara. ¿Por qué estoy aquí? ¿Por qué me lastiman?". El no tiene voz, pero me tiene a mí y a todas esas personas maravillosas, los proteccionistas, que generosamente dejan de atender sus familias y sus trabajos para dedicar ese tiempo en defenderlos. ¡Basta de violencia y muerte animal! La tracción a sangre debe erradicarse de la ciudad. A esta altura de las circunstancias los límites se han sobrepasado en lo que respecta al maltrato de los caballos. Los carreros deben entender que pueden realizar la misma tarea prescindiendo del animal, y si su situación socio cultural es desfavorable y no tienen las herramientas intelectuales para darse cuenta que el animal no es una máquina, entonces que el Estado los instruya. Esa es su función. Han sido elegidos para representar la voluntad popular y le corresponde al mismo buscar una solución beneficiosa para todos. Para que no haya un solo caballo más torturado, ningún otro animal maltratado, por favor, que se elimine la tracción a sangre. La mirada de aquel potrillo moribundo quedará para siempre en mi memoria como debería quedar la vergüenza en la consciencia de los responsables que no hacen nada para evitarlo.
Silvina Alicia Possenti / DNI. 22.988.993