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"El policía debe resolver en minutos lo que a un juez le lleva un año"

Unos 4.000 jóvenes se inscribieron para cubrir 1.400 puestos en las fuerzas de seguridad provinciales. La mitad son mujeres. El director del Isep, Raúl Morán, se refirió a la formación de las nuevas generaciones de policías para estos "tiempos difíciles".

Lunes 04 de Marzo de 2013

El edificio del Instituto de Seguridad Pública (Isep) —el lugar donde se aprende a ser policía— en Rosario está desde hace más de 30 años en el corazón de un barrio conflictivo: República de la Sexta. Allí, precisamente en Alem e Ituzaingó, ingresarán este año al menos mil aspirantes a cadetes. Entre ellos estarán quienes de aquí a veinte años serán los responsables de la seguridad provincial.

El director del Isep, Raúl Aniceto Morán, sostuvo que en la promoción 2013-2014 se inscribieron unos 4 mil aspirantes para cubrir 1.400 vacantes y año tras año se incrementan los postulantes. Según la estadística la mitad de los postulantes son mujeres, pero el porcentaje final de admisión de las chicas estará en torno al 30 por ciento (ver aparte).

Antes de la reforma educativa impulsada en el último lustro los cadetes se dividían en dos cursos: uno para agentes comunes y otro para futuros oficiales. Ahora es un solo cursado de dos años para todos los escalafones. Se pueden optar por la tecnicatura en seguridad o la especialización en el servicio de seguridad del 911.

Pero la escuela de policías ofrece más: estabilidad, medicina asegurada, un sueldo y la posibilidad de ascenso social. No es un trabajo fácil y es fundamental cierta vocación para tratar con la violencia y la crisis permanente. Entre gritos, robos, golpes y largos turnos de comisarías se desarrollará la carrera de estos jóvenes que a lo largo de ese trayecto serán destinados a distintos departamentos provinciales, geografías para ellos desconocidas.

Experiencia. Morán estuvo en el viejo sistema educativo policial y es responsable en parte de los cambios. Fue instructor y profesor de la vieja Escuela de Cadetes mientras cumplía además funciones en distintas unidades regionales. Hizo cursos de especialización en seguridad en el FBI y en la policía japonesa.

"Intento traer mi experiencia académica y de calle a los alumnos. Tienen muchas dudas y les decimos de qué se trata esto", grafica en su amplio despacho del edificio con corte castrense; un lugar donde al pasar el director los subordinados le hacen la venia. "Formamos policías en varias materias. Una de ellas es ética, que es fundamental. El policía debe ser, para los ojos de la sociedad, un vecino con uniforme a quien tenerle confianza", asegura Morán. Y remarca que "la policía es representativa de la sociedad en que se desarrolla, es un reflejo. Se habla de la corrupción policial pero no todos son corruptos. Ninguno de los aspirantes habla aquí de corrupción, sus dudas son otras: cómo actuar con valores y justicia, cómo resolver una cuestión complicada en un minuto".

Solos. El funcionario busca las palabras para ser totalmente correcto y piensa muy bien sus máximas. "El policía es la presencia inmediata del Estado. Debe resolver una crisis en el menor tiempo posible. Está solo frente a una situación inesperada. Si uno de nosotros va en un colectivo y hay un accidente en la esquina todo el mundo exige que el policía se haga cargo, si sucede lo mismo con un médico, aunque trabaje en el Heca, nadie le exige nada. Es más, no tiene la obligación. El policía sí y para eso lo formamos", define.

En ese sentido agrega un ejemplo: "Si el policía va a comprar bizcochos, los paga y sale de la panadería con la bolsita y alguien que pasa lo ve, lo primero que supone es que los pidió, que no los pagó. La sociedad critica muchas veces nuestro accionar porque estamos para ejercer el control social y a nadie le gusta que lo controlen", asegura el oficial.

Le gustan los ejemplos a Morán. "Robert Peel sostenía —cita a uno de los padres fundadores de la policía británica Scotland Yard— que el agente estaba para cumplir y hacer cumplir la ley. Es decir, primero cumplirla. El futuro policía tiene que tener valores muy claros: primero la vida, luego la libertad y luego el respeto de lo ajeno. A mí me tocó encarcelar a policías traidores, a corruptos y le aseguro que es doloroso. Pero un corrupto no es más que un traidor, un delincuente con uniforme".

Tiempos difíciles. La escuela de policía tiene un concepto claro, según Morán: "El policía debe resolver en un minuto lo que al juez le lleva un año. Por ejemplo, ante un robo debe resolver si sacar su arma, si perseguir al ladrón, si atender a una víctima en caso de haberla y todo en segundos. Esto luego va al juzgado y allí tiene el juez un año para estudiar el acta confeccionada y las pruebas aportadas. El policía no debe analizar el delito, debe actuar inmediatamente" asegura.

La violencia es parte de las más duras crónicas policiales, los que deben controlarla y reprimirla no quedan fuera de esos actos. "Preparando nuevos hombres para estos desafíos. La formación debe adecuarse a estos tiempos difíciles", asevera Morán.

Y al analizar otras realidades, este policía de 52 años y 30 de servicios acota que "es necesaria una policía de proximidad. No tenemos los índices de violencia de Brasil y creo que no es necesario llegar a ese tipo de policía pacificadora. Pero sabemos que la policía comunitaria es muy necesaria para estos tiempos".

Una fuerza de buenas personas

"Cuando estuve en Nueva York vi un memorial en una de las paredes del edificio de la policía. Uno decía «La comunidad itálica a sus héroes», otro «La comunidad latina a sus héroes» y así hasta uno que expresaba: «La comunidad gay a sus héroes». Al preguntar por ello me dijeron que era por los policías homosexuales. Ahí me di cuenta de que a nosotros no nos interesa la condición sexual de nuestras fuerzas, sino que sean buenas personas y mejores policías".

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