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El pibe de la ilusión grande

González Ferioli quedó 2° en la general de cuatriciclos y es la única esperanza argentina de podio.

Jueves 15 de Enero de 2015

El sábado pasado, la nota principal del Dakar de Ovación titulaba: “Vienen caídos del mapa”. Y hacía referencia a que la única esperanza nacional de podio estaba en las espaldas de un juvenil de 19 años: Jeremías González Ferioli. Cinco días después, este cordobés que estudia en el segundo año de la carrera de administración de empresas, se situó en ese lugar. Como predijo luego de ganar por primera vez una etapa, de Uyuni a Iquique, se ilusionaba desde su 4° lugar con que algunos de los que lo precedían se cayeran. Y a falta de uno, ayer en la nueva etapa maratón Calama-Cachi (Salta) abandonaron dos: el campeón Ignacio Casale (venía 2°) y el uruguayo Sergio Lafuente (3°), por lo que quedó en una increíble posición de escolta, a tres días del final.
En el debut el año pasado, el más precoz de la historia del Dakar con 18 años recién cumplidos corrió decidido a cuidar el cuatri sobre todo. Y lo hizo tan bien que fue el mejor argentino ubicado en cuatriciclos: 6°. Con la baja de los Patronelli en esta edición, y la prematura del fueguino Lucas Bonetto, otra vez González Ferioli quedó como el candidato argentino. Y, como confesó ayer uno de sus dos mecánicos, Pablo Galli (el otro es Ezequiel Scutti), en diálogo con Ovación: “Ahora está acelerando más. Nos está demostrando que tiene algo guardado”.
Claro que el cuidado del Yamaha es fundamental, porque este chico que empezó a correr cross country a los 14 años y fue también el más chico en ganar una etapa en Dakar, tiene sólo los conocimientos elementales de mecánica. Trata inclusive de no cambiar los neumáticos, sino de emparcharlos e inflarlos, y recién ahora aprendió bien a cambiar filtros, algo que hizo ayer en el vivac de Cachi, donde otra vez no tuvo la asistencia de sus mecánicos ni de sus padres Carlos y Sonia, que lo siguen a todos lados.
De hecho, ayer habló largo por teléfono con Galli para indicarle un ruido sobre uno de sus neumáticos y del otro lado lo tranquilizaron diciéndole que, por lo que relataba, sólo se trataba de un rulemán. Eso sí, luego de hacer una etapa con mucho camino marcado, le recomendaron que hoy cuidara la máquina.
Y esa debe ser la estrategia. Porque al caerse Casale (presión de aceite) y Lafuente (volcó), Jeremías, que ayer fue 2°, está muy lejos del ahora cómodo líder, el polaco Rafal Sonik (a casi 3 horas) y mantiene a raya al boliviano Walter Nosiglia (más de 50 minutos), que ayer logró un histórico tercer puesto de etapa, en un podio todo sudamericano (ganó el paraguayo Nelson Sanabria).
Además de esta ilusión que se agigantó justo al volver a pisar suelo argentino, resurgió Emiliano Spataro con un gran 8° puesto.
Ya le había dicho a Ovación que las arenas no eran su fuerte y en Chile se cayó, pero ayer fue muy rápido de nuevo.
No podrá superar el 14° lugar de 2014, eso sí (marcha 22°), y espera que hoy no llueva porque se prevé mucho fesh fesh en el camino que así se convertirá en barro y “nunca manejé en esa condición”.
Los argentinos salieron del país con la expectativa en baja, pero volvieron al mapa. Justo en el regreso y para el sprint.

Del desierto extenso a la lluvia extrema

Los días pasan de prisa y son tan iguales que cuesta situarse en saber si es miércoles o domingo. Pero ayer sí fue bien diferenciado, sobre todo para los argentinos, que al tocar suelo besaron tierra cual Papa de gira. Y es que en Calama, la última estación antes del regreso, se la pasó mal, con viento, tierra y arena de día, y mucho frío de noche, que impidió un buen sueño. Por eso Salta fue tomada como un verdadero paraíso, hasta que en las primeras horas de la tarde se desató un temporal que inundó la ciudad.
Todo el mundo se alivió al dejar de madrugada Calama, donde por ejemplo algunas carpas (como la de Ovación) dieron las últimas hurras zarandeadas por el viento. Y como además ya iban más de 10 días de ir y venir, la mayoría por terrenos chilenos áridos, más de un calzado también dio sus últimos pasos, con la suela hecha lengua.
Por eso tras no ver pasto durante una semana, Salta fue un oasis luego de tanto desierto y el Centro de Convenciones resultó un lujo poco común en un Dakar, además con excelentes baños y primeras duchas de agua caliente. Pero a las 15 una tormenta, con mucha agua y viento, complicó las cosas en el campamento, y mucho más en la ciudad, con calles anegadas, caída de árboles y evacuados.
Pese a eso, muchas personas  se acercaron a ver las máquinas llegar, aunque la fiesta del Dakar en Salta se aguó.
Párrafo aparte para el martes 13 en Calama. En esa etapa sólo anduvieron bien quienes en el resto del Dakar les fue mal. Nani Roma, que ganó su única etapa ese día, ayer volcó con varias vueltas de campanas. Javier Pizzolito hizo su mejor etapa y ayer volvió a puestos de intrascendencia.

 

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