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El pianista Eduardo Delgado actuará mañana en el Espacio Cultural Universitario

El artista rosarino dijo además que aprendió a ser un poco más "egoísta con la enseñanza para dedicarle más tiempo al piano. Siempre me gustaron los desafíos y aún guardo varios en el tintero".  

Miércoles 05 de Junio de 2013

Mañana a las 19.30 en el ECU (Espacio Cultural Universitario), San Martín 750, el pianista de música clásica dará un concierto en el marco del ciclo "El piano y su música".

El músico rosarino que reside en Los Angeles desde hace alrededor de 30 años y que cuenta con una impresionante trayectoria internacional, es reconocido por su importante labor docente en la universidad de Fullerton, California como en la Universidad de Osaka, Japón, país al que regresa anualmente para dictar clases magistrales. Delgado, además, es convocado regularmente para ser jurados en los más importantes concursos internacionales de piano.

En una charla con La Capital, el artista confesó que últimamente aprendió a ser "más egoísta con la enseñanza y dedicarle más tiempo a mi piano".

—¿Cómo empezó con la música, había una tradición musical en su familia?

—Mi madre tenía pasión por el piano y aún la tiene. Mi vocación fue realmente lo que ella quería para sí misma. Una de sus obras favoritas eran los "Estudios sinfónicos" de Schumann que eventualmente toqué en recitales. Aparte mi hermana Norma también tuvo y mantiene esa pasión por la música. Ella me abrió al mundo de Cesar Franck, Scriabin, Wagner, Mahler cuando sólo tenía 13 años. Ambos fuimos expuestos a toda la música española, nos conocíamos de memoria las canciones más hermosas de las zarzuelas y las cantábamos en todas las reuniones familiares.

—¿Qué diferencias encuentra entre los pianistas actuales y los formados, como usted, en la segunda mitad del siglo XX?

—Entrar al Coro Estable a los 14 o 15 años y estar expuesto a las grandes obras corales me dio un gran background. Mi amistad con Guillermo Scarabino me inclinó a estudiar a esa edad las 9 sinfonías de Beethoven , las 6 de Tchaikovsky , las de Mahler y Bruckner. Tenía una avidez tremenda por conocer todo el repertorio musical. La juventud actual está en el mundo del celular y obtener información por computadora. No compran libros. En la Universidad no les permito fotocopias. Por supuesto hay siempre excepciones y tengo alumnos especiales que han heredado otros intereses. Pero son los menos. Estuve en Japón en febrero y quedé maravillado con el talento, seriedad y dedicación al instrumento. Es un país maravilloso. Soy feliz de volver allá casi todos los años..

—Sabemos que su actividad docente le ha ocupado gran parte de su tiempo, ¿es una actividad que se compatibiliza con su carrera como solista?

—Los alumnos absorben y agotan la mayor parte de un tiempo que uno desearía volcar en la carrera de solista. Me resultó muy difícil a veces adaptarme a esto. Pero la universidad da una seguridad económica no siempre asegurada por los conciertos. Somos mucho los músicos en el mundo que hemos sacrificado la carrera solista por la enseñanza, pero últimamente aprendí a ser más egoísta con la enseñanza y dedicarle más tiempo a mi piano.

—¿Cuál es la idea esencial que desea transmitir a sus alumnos?

—Que digan y expresen cada nota cuando ejecuten una obra musical. Porque cada nota tiene un sonido, un color y una intensidad distintas, como la pincelada en un cuadro. Y ese sonido debe nacer con amor, con sentimiento de dolor o alegría, debe salir del alma con total honestidad y simpleza. Debemos recrear el sentimiento de lo que el compositor sintió en su momento de creación.

—La pregunta que siempre es actual: ¿cómo ve el presente de la creación musical pianística.

—Muchos compositores están escribiendo música actualmente. Personalmente pienso que son contadas las que tienen verdadera trascendencia. Pero existen muchas obras del 1800 y 1900 que tampoco tiene gran trascendencia. A la vez hay muchísimas obras valiosas que se tocan con poca asiduidad o han quedado ignoradas.

—En cuanto a repertorio ¿Que nos puede decir de las obras escogidas para su concierto?

—Siempre Bach, además Mendelssohn y Chopin. Y también habrá algunas sorpresas. En esta ocasión quiero hablar con el público, explicar las obras, escuchar sus intereses y lograr un ambiente de amistad y relajado que nos permita a todos pasar un buen momento junto a la música.

—¿Cuáles son sus planes para cuando abandone la docencia?

—Nunca abandonaré la docencia porque amo a la generación joven talentosa. Además, siento una enorme responsabilidad por compartir y ser un instrumento de transmisión de lo que me dieron, lo que aprendí y lo que sigo aprendiendo. La vida es una lección interminable y soy un tipo que no me pongo límites... Aparte siempre me gustaron los desafíos, y aún guardo varios en el tintero, pero para ellos necesitaríamos otra entrevista.

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