El peso de las mochilas
Por circunstancias particulares concurrí a la salida de la escuela de mis nietos. Allí se me hizo evidente, me chocó, me golpeó una circunstancia cotidiana, de mis nietos y de todos los escolares de estos lugares: el peso ¡desmesurado! de las mochilas.

Lunes 28 de Junio de 2010

Por circunstancias particulares concurrí a la salida de la escuela de mis nietos. Allí se me hizo evidente, me chocó, me golpeó una circunstancia cotidiana, de mis nietos y de todos los escolares de estos lugares: el peso ¡desmesurado! de las mochilas. Propongo observar y buscar soluciones para los hechos que sí los tienen. Por eso, recuerdo que durante toda mi escolaridad (otros tiempos) llevé las hojas de las carpetas que iba a usar ese día, igual que los libros necesarios. Todos los días cambiaba el "equipaje". Ahora, mis nietos me dicen que sus maestros no saben qué van a usar cada día y por eso deben llevar todo. Tengo dos propuestas: la primera: maestros: no es tan difícil saber con anticipación qué se va a usar para la clase del día siguiente ni es imposible hacérselo saber a los alumnos. La segunda: en el caso de preferir una cierta improvisación (que no se entienda con sentido peyorativo), ¿por qué no implementar armarios en el aula en el que permanezcan libros y fichas de los alumnos? (Esto último nos comentaba una maestrita española –muy joven y entusiasta– con la que conversábamos este verano. El armario está presente en las aulas españolas, por lo que los niños cargan menos peso). Lo del peso de las mochilas locales es algo que se ha naturalizado. Algo que pesa, una incomodidad que nos acostumbró. ¿Por qué no cambiar?

Cristina Cantenys