El pensamiento de Mario Bunge
A propósito de la entrevista que La Capital le efectuó el domingo pasado al físico Mario Bunge, deseo aportar algunas reflexiones. El entrevistado cree que las verdades, aunque parciales, sólo se alcanzan con la ciencia o con la técnica, y tilda de macaneadores a grandes filósofos de la talla de Schopenhauer, Nietzsche, Heidegger o Husserl, entre otros.

Lunes 22 de Marzo de 2010

A propósito de la entrevista que La Capital le efectuó el domingo pasado al físico Mario Bunge, deseo aportar algunas reflexiones. El entrevistado cree que las verdades, aunque parciales, sólo se alcanzan con la ciencia o con la técnica, y tilda de macaneadores a grandes filósofos de la talla de Schopenhauer, Nietzsche, Heidegger o Husserl, entre otros. Se llaman cientificistas las personas que, al igual que Bunge, creen que la verdad es monopolizada por las ciencias duras, y que, paralelamente, rechazan los saberes ajenos a esa supuesta única fuente de luz y sabiduría. En realidad son estos individuos los que macanearían más, dado que directamente niegan lo que no están dispuestos a aceptar, y no tanto por las racionalizaciones, justificaciones o pretextos que esgrimen, sino muchas veces más por motivos personales e inconscientes. Incluso esto se puede avalar con un dato científico: hace poco se comprobó mediante escaneos cerebrales a individuos que se prestaron al experimento, que la parte del cerebro que más interviene en las decisiones importantes y morales del sujeto es la emocional, y no tanto la zona vinculada a la razón, como se creía en ciertos ámbitos. Supongamos ahora, que tanto la visión biologicista (científica), como la humanista, representan cada una el 50 por ciento de la realidad humana; y que el margen de error de la concepción humanista sea exageradamente alta: 20 por ciento. Entonces, manejarse con la totalidad de los saberes implicaría un margen de error absoluto del 10 por ciento. Así y todo sería mucho más veraz y adecuada a lo real esta opción, que la falacia cientificista de pretender comprender la totalidad sólo con la mitad. Como estamos viendo, sería mucho más prudente y eficiente manejarnos con todo el saber disponible (el teórico y el científico), aunque con prudencia, que dejarnos arrastrar por la omnipotencia y arrogancia cientificista, basada en la certeza, pero sólo de una pequeña proporción de lo real.

Jorge Ballario