Viernes 18 de Julio de 2014
Escribir sugiere de algún modo la satisfacción de ser leído, y si es posible que lo expresado cause impacto en quien lo lee, su respetuosa nota, Alejandro Casenave, a modo de respuesta, del pasado viernes 11, me dejó la doble agradable sensación. Me congratulo además que coincidamos en la opinión de lo cuestionado, ya que como usted educadamente destaca sólo le molesta el modo utilizado, dejando en velada evidencia que, a su modo, coincide plenamente con el fondo de la cuestión. Al principio de los tiempos Dios creó al hombre a su imagen y semejanza, dándole un paraíso donde vivir, al poco tiempo y a pesar de su esmero, tuvo que expulsarlo del Edén por confundir lo que está bien con lo que le conviene. Desde entonces, donde la confusión llevó al engaño, es necesario desconfiar de los análisis que definen a los malos como muy malos, y sobre todo a los buenos como muy buenos. Mas aún, luego de comprobar que el mal es tan humano que come en nuestra mesa y hasta duerme en nuestra cama, y lo que es peor uno suele acostumbrarse a él como parte del diario vivir. Quien suscribe honrado y feliz ex alumno salesiano, miembro activo años atrás de La Legión de María, admirador de sacerdotes como el querido cura Ernesto Longhi, o el hoy desplazado de la congregación salesiana por el hecho de trabajar para los pobres como el valiosísimo Padre Montaldo. Como puede ver, toda la parte buena de la institución que usted aceptablemente destaca he sabido captarla dentro de la Iglesia misma, en la cual he participado varios años de mi vida. Ahora lo malo de la institución, y lo que usted considera mi desmedida visión manejando categorías extrañas que tienden a confundir al lector, y yo sin reparar en la vestimenta la llamo simplemente corrupción terrenal y humana, no la incorporé junto al dogma, ni se me ocurre como un hecho de reacción arbitraria, sino que lo tengo tristemente presente porque lamento ser yo el lector confundido que usted cita, y que leo todos los días en los diarios, escucho y veo por TV. Y si quiero aumentar mi desaliento consulto por internet la reiteración de inocultables escándalos. Eso mismo que usted en un exceso de piedad y buscando minimizar los hechos da en llamar vagamente algunos ejemplos de comportamiento. De ningún modo le permitiría a su hijo delinquir reiteradamente absolviéndolo solo por pedirle disculpas, a usted le resulta lógico que quienes ocupan una esfera que debe destacarse por su transparencia, decencia y reflejo de lo que dicen representar, se pasen la vida pidiendo disculpas por los errores cometidos. En todo caso, que compartan el purgatorio hasta que sus barbas toquen el piso, si la bondad del Señor los perdona, pero que en la tierra dejen de servir como ejemplo de las tentaciones de Satanás. Lea los diarios sin saltar las páginas que lo obnubilan y verá que mis aseveraciones son el reflejo de una realidad que de ninguna manera nos debemos permitir disimular al margen de nuestra fe y nuestro dogma. Freud dijo que el hombre suele disminuir sus pretensiones de ser feliz, ante la imposibilidad de modificar su realidad, no reduzcamos nuestra posibilidad de una Iglesia más honesta por el hecho de disimular sus propios y humanos defectos.
Norberto Ivaldi