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El país que quieren los brasileños

Los políticos creen que los simples ciudadanos no piensan y se dejan arrastrar por las decisiones de los gobiernos como masa pasiva. Creen que la mayoría de los que acuden a las urnas poco o nada saben de economía y de política.

Martes 08 de Abril de 2014

Los políticos creen que los simples ciudadanos no piensan y se dejan arrastrar por las decisiones de los gobiernos como masa pasiva. Creen que la mayoría de los que acuden a las urnas poco o nada saben de economía y de política. Por ejemplo: ¿sabrían qué modelo económico les resultaría mejor? ¿Si prefieren más o menos Estado o sacrificar la inflación al crecimiento económico? ¿Sería inútil preguntar en un sondeo nacional a los brasileños si prefieren vivir como los suecos o los norteamericanos, como los argentinos o los venezolanos?

¿Prefieren políticos o técnicos en las grandes empresas estatales? ¿Preferirá la gente en Brasil una economía más liberal o más intervencionista? ¿Escogerían ganar menos sin inflación que tener sueldos más altos pero con la vida aumentando a cada hora?

Me imagino que los políticos, y más en vísperas de elecciones, se harán estas consideraciones para saber orientar sus campañas, aunque la sensación que a veces se tiene es que se imaginan que la sociedad no piensa, ni distingue, ni discute los diferentes modelos económicos o los tipos de sociedad posibles.

Si así fuera, se equivocan. La sociedad como un todo y cada ciudadano a su modo, incluso los menos escolarizados, aunque no con términos técnicos y académicos, sabe lo que quiere y cómo le gustaría vivir. Sabe qué modelo de sociedad prefiere. ¿Por qué sino el 70 por ciento de los brasileños querría cambiar las cosas? La gran masa de trabajadores brasileños no sabría si desea una sociedad más a la europea que a la norteamericana, por ejemplo. Sin embargo, sabe la sociedad que no querría.

El brasileño, por historia y por cultura, sigue sintiendo una fascinación por el Estado, al que ve como el gran padre o la gran madre en quién confiar para resolver muchos de sus problemas. Prefiere lo seguro a lo incierto, aunque lo incierto pueda resultar más atrayente y creativo. De ahí que siga prefiriendo un puesto seguro en el Estado a la aventura de un negocio propio.

Si un cambio existirá un día, vendrá de las nuevas generaciones jóvenes más dispuestas a querer experimentar la emoción de medir sus propias fuerzas, para triunfar en la vida sin esperar el maná del Estado. Es la generación Y, de los llamados millennials.

Lo que hoy desea masivamente la sociedad brasileña es más Estado, aunque menos corrupto y más eficiente, más cercano a sus necesidades, que le permita vivir una cierta tranquilidad económica, un trabajo seguro y el disfrute de unos servicios públicos dignos para todos.

Ningún test mejor para entender que los brasileños prefieren una sociedad en la que el Estado les ofrezca grandes márgenes de bienestar y seguridad en su presente laboral y en su futuro de pensionistas, que analizar las protestas en junio pasado cuando el gran gigante se despertó para rugir después de largos años de silencio.

Hagamos un pequeño análisis aunque sea sólo periodístico. ¿Qué pidieron los millones de brasileños que salieron a la calle? ¿Que fueran privatizadas las grandes empresas estatales como Petrobrás? ¿Un cambio de régimen político? Ni siquiera en lo que "no querrían" apareció entre los que protestaban una sola propuesta que significara que los brasileños deseen vivir como los chinos o los norteamericanos.

Demostraron querer seguir siendo brasileños, pero más respetados; con su propia cultura e idiosincrasia, pero con mejor calidad de vida. Pedían, de algún modo, ser "más a la europea", es decir, una política de bienestar alto, asegurada por el Estado con justicia social, con una renta sin diferencias abismales, que permita a todos vivir satisfechos y con un aumento anual de los sueldos igual o superior a la inflación, si el crecimiento del país lo permite.

Justamente, la Europa golpeada por la crisis de la que fue contagiada por los Estados Unidos es la que ha salido también a la calle para reivindicar el bienestar social del que gozaba bajo el amparo del Estado y que empezaba a perder, mientras los brasileños exigían poder llegar al sistema de sociedad del bienestar del que gozaba Europa antes de la crisis.

Con cualquier gobierno, presidido por un partida socialista o liberal, los brasileños van a querer que el Estado les proporcione un mínimo de seguridad económica que les permita poder disfrutar de una sociedad de bienestar. Un Estado no distribuidor de beneficios camuflados de limosna para asegurarse los votos, sino con verdadero espíritu republicano y bajo la vigilancia de los otros poderes independientes del Estado.

Y lo quiere, ya, hoy. La prisa y la velocidad hacen ya parte de las nuevas generaciones. Y ellas son el nuevo Brasil. No sólo el del futuro, sino el de pasado mañana.

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