Jueves 15 de Octubre de 2009
La dimensión dramática que tuvo el tiroteo de anteayer palpita con elocuencia en el relato de Julia Adriana, una lectora que narró a La Capital lo que vivió junto a su hijo de seis años al quedar en medio de las acciones cuando hacía las compras en un comercio del lugar.
"Eran las 14.05. Estábamos saliendo del supermercado de la esquina con mi hijo. Habíamos dejado el auto en Uriburu y San Martín. Escuché dos frenadas de auto y pensé en la inconsciencia de quién maniobraba así poniendo en riesgo a peatones. Me di vuelta y vi que un hombre bajaba de un auto frente al bar Pagos del Sur y que desde un auto le disparaban de zona sur hacia norte en plena avenida".
u "Las piernas me temblaban y agarré a mi hijo temiendo por la vida de él. Fueron muchísimos disparos. Miré por la ventana del súper y a los que tiraban los vi corriendo hacia Uriburu. Después me enteré de que esos eran los policías, pero en ese momento no entedía nada, sólo temor, la policia recién apareció diez minutos después del tiroteo".
u "Yo pedía a gritos en el súper que cerraran las puertas. Me metí corriendo y fui hasta el fondo. Cesaron los disparos, volví a salir sola para ver si era seguro sacar a mi hijo del lugar y comenzaron a tirar de nuevo. El semáforo largaba y los autos que accedían a la zona sur pasaban en medio del tiroteo, los autos estacionados con gente en los negocios, con los parabrisas destrozados, un desastre en la vía pública".
u "Miro hacia la vereda y ahi veo un policía herido, le vi el arma reglamentaria y sentí temor. Pedía una ambulancia a gritos. Decia «llamen que me estoy desangrando». Fue horrible, le saqué unas cuatro fotos. Apenas llegó la policia los orientaron hacia donde se habían ido en auto los delincuentes, era un auto rojo y huyeron hacia zona del Batallon 121, claramente se pudo ver la inexperiencia de los policías ante esa situación: lentitud, falta de agilidad ante el hecho. No quiero ser injusta. De igual modo hay que reconocer la labor de los humildes chicos que sacrifican sus vidas por dos mangos".
u "Salí al trote del lugar. Aterrada, insegura, sin palabras. Eran las 14.15".