El otro cambalache
Como estamos viviendo en un gran cambalache nacional, donde todo vale siempre que sea oficial, no nos queda otro recurso que para no ponernos serios, por el momento, uno recurre a un viejo y no académico...

Sábado 12 de Enero de 2013

Como estamos viviendo en un gran cambalache nacional, donde todo vale siempre que sea oficial, no nos queda otro recurso que para no ponernos serios, por el momento, uno recurre a un viejo y no académico dicho de que “viva la vagancia y la prostitución”. Hechos propiciados por el gobierno “nacional y popular”, asignando jubilaciones a más de dos millones de personas sin haber hecho los aportes correspondientes, más las asignaciones por hijo, más el subsidio a madres solteras, que muchas de ellas viven en concubinato con “jubilados” jóvenes y perciben las asignaciones por hijo, y muchos de estos hijos, empujados a la mendicidad o a los “trapitos”, que terminan percibiendo mensualmente una cifra muy superior a cualquier tonto trabajador honesto y con conciencia. Si seguimos agregando frutillas al postre, éste será tan empalagoso que seguramente algún día lo vomitaremos, pues no soportaremos nuevas entrevistas a las madres de tratas y a filmes, educativos por cierto, como los videos aplaudidos por nuestra mandataria. En los últimos diez años no se ha inaugurado una sola fábrica nueva para incorporar a los desocupados por Menem, hoy ocupando una banca oficialista en el Congreso nacional, y les guste o no, son los continuadores de este sistema privatista, salvo algún acto demagógico como fueron las nacionalizaciones de las AFJP, Aerolíneas Argentinas, YPF, que las primeras sirvieron como caja adicional al gobierno y las otras subsidiadas por el Estado. Todo una gran mentira. No soy ningún puritano ni religioso escandalizado, pero y, ya poniéndonos un poco serios, y esto ya es vox populi por la prensa, pienso que se les está yendo la mano a los dislates gubernamentales, pues parece que ni la Justicia, ni la moral, ni la memoria ni los mismos derechos humanos son merecedores de respeto. Parece que los habitantes del NOA y NEA argentinos, salvo algunas excepciones, no merecen ser tenidos en cuenta por los derechos humanos como a los muertos, que, en nombre de ellos, ya se ha lucrado lo suficiente.

Dusan C. Sigulin / LE. 600.9490