Miércoles 26 de Febrero de 2014
Vivimos en un mundo que irremediablemente se ha tornado violento, demostrando que la violencia forma parte del ser humano. A la vista de los penosos y terribles hechos que suceden a diario nadie dudaría en afirmar al respecto que esto es así. En todo caso lo que deberíamos evitar es tratar de simplificar tan grave problema, y tan complejo en sí mismo, evitando explicaciones reductivas y tendenciosas. La violencia no se reduce simplemente a un problema social, económico o psicológico, o moral, sino que es todo junto a la vez. Al análisis y sus analistas les corresponde ante todo diferenciar y distinguir antes de emitir comentarios. Opiniones, análisis y deducciones ausentes de calidad y ética profesional, atentan contra el proceso de socialización cultural, y en pos de la continuidad de lo que ellos llaman su “negocio”, influyen sobre el fracaso de esa misma socialización, generando comportamientos desviados. De todos los procesos que nos toca observar en esta época turbulenta se encuentra la violencia social en sus múltiples manifestaciones, no sólo la delincuencia impulsada por el hambre, sino también el actuar de ciertos grupos sociales que mantienen vínculos políticos y que actúan en conjunto para lograr ventajas y objetivos contra el patrimonio individual, familiar y social. En la banca organizada, el poder económico y en los medios que los apoyan, se encuentra el funcionamiento de una delincuencia que actúa en forma organizada desde hace muchos años en el país. En esos procesos se encuentran los orígenes del funcionamiento de la delincuencia, que mediante la socialización de la violencia aumentan desde las sombras su potencial y su efectividad. No cabe duda científica ni práctica sobre el origen de la violencia, ya que, sea en las relaciones interpersonales o en la interacción de grupos, es el reflejo o consecuencia de un núcleo de valores que se ha desgajado eternamente de una cultura y un sector dominante. Llevando esto a la simpleza, descubrimos que eternamente han sido las políticas, los capitales y la Justicia cómplice quienes han generado la violencia, en beneficio de sus oscuros intereses, ocultos detrás de la miseria humana y aprovechando necesidades y postergaciones populares.
Norberto Ivaldi