El ocaso de la sanción penal
La pena y su aplicación son funciones necesarias del orden jurídico. El hombre decide lo que hace y lo que no hace. Una persona robará o matará si quiere. Pero, ¿tiene derecho a hacer estas cosas?

Viernes 25 de Marzo de 2011

La pena y su aplicación son funciones necesarias del orden jurídico. El hombre decide lo que hace y lo que no hace. Una persona robará o matará si quiere. Pero, ¿tiene derecho a hacer estas cosas? No llegan a constituir "el derecho" ni un contrasentido lógico y ético, ni la pasión desencadenada, ni los caprichos ni la violencia brutal de un criminal. El hecho de que sean frecuentes los delitos no invalida la norma legal. Hay una conexión causal entre delincuente culpable y orden jurídico. En un sentido práctico y empírico, con relación a la vida cotidiana, se sabe bien cuál es el sentido de las expresiones "hacer lo que se quiere" y "comprender lo que se hace". A la facultad visualizadora y previsora de la ley debe acompañarla una voluntad capaz de atender las sugerencias de la razón, que ve y prevé. Si los teóricos-prácticos del derecho fueran fáciles víctimas de una ilusión óptica y se rebelasen a esta guía, entonces sería más bien inequidad que ley. Hoy, lo verdaderamente operante es la prepotencia de los delincuentes, disimulada por una cobertura mental y fraseológica (cultura que, a fuerza de atenuantes y coartadas, tiende a borrar la propia culpa, ya que los delincuentes son tan "buenos" que no pueden merecer otra cosa sino el paraíso). Algunos teóricos-prácticos del derecho se rehusan a aplicar sanciones penales, por causas muy diversas, desde el afán de "estar a la moda", hasta la comodidad de no complicarse la vida. De este modo, la sociedad corre el peligro de descompaginarse.

Angel Genovese

DNI 6.035.693