Lunes 24 de Septiembre de 2012
En estos días nuestros legisladores están en pos de la decisión de que los adolescentes de 16 años desarrollen una nueva tarea, la de poder elegir a quienes nos gobiernen. Uno se pregunta por estos tiempos toda transita un alto nivel de incertidumbre, si es conveniente que los chicos, porque esto es lo que son, solo chicos, porque de ellos esperamos un futuro prominente y participen de él, pero a su momento, con las debidas consecuencias que el tiempo les otorgará y que esto no se tome en forma peyorativa sino en forma educada de saber ante quiénes estamos en esta sociedad. También me pregunto cuál es el porcentaje de estos chicos que sabe a quién votar. Digo esto porque nosotros los adultos en un altísimo porcentaje no lo sabemos, o como siempre votamos al que menos conocemos, o al menos malo, sin pensar que a las personas a quienes elijamos estarán al frente para desarrollar y ejecutar leyes, tomar la dirección económica de un país. Creo que quienes van por los chicos no tienen ni idea de lo que la sociedad pretende como país, ya que desde la política misma estamos frente a un nuevo paradigma, hacer política sin dogma y sin doctrina. La política hace del adoctrinamiento una base sustentable en el tiempo haciendo de esto un proyecto de país, sostenido por el pensamiento de filósofos, dirigentes y políticos con una visión propia de su análisis y visión de crecimiento en el tiempo. Pero, pero... tenemos la dicotomía cotidiana, entre unos y otros, blanco o negro, Ñuls o Central, el gobierno o el campo, y nada de todo esto beneficia a nuestra sociedad. Dadas las actuales condiciones aparece un nuevo paradigma, el gobernar sin gobernar, y sólo pensando en el poder por el que todos se disputan y la ecuación sigue siendo la misma, ya que el resultado es el mismo, la sociedad sigue a la espera de que los gobiernos implementen políticas de Estado en educación, salud, seguridad y dejen de postergarnos como país, ya que hemos nacido aquí y no queremos volver a viejas estrategias de salvación y sí apostar a un futuro donde podamos estar juntos y vivir en paz.
Guillermo V. Ferreyra