El Nobel a Obama, sarcasmo decadente
Alfred Nobel instituyó el premio que lleva su apellido a instancias de una lúcida mujer de convicciones y prácticas antibelicistas, la baronesa Bertha Kinsky de Sutner.

Viernes 16 de Octubre de 2009

Alfred Nobel instituyó el premio que lleva su apellido a instancias de una lúcida mujer de convicciones y prácticas antibelicistas, la baronesa Bertha Kinsky de Sutner. Ante el poder destructivo que provocaba el invento de Nobel, nada menos que la dinamita, Kinsky le propuso que con las cuantiosas ganancias que obtenía, Nobel fomentara a los creativos de las ciencias y las artes, personas de espíritus humanistas, altruistas, no militaristas. En alguna época, la Academia distinguió a figuras destacadas de las letras sustentadoras de valores solidarios: Thomas Mann, Albert Camus, Elías Canetti, Kenzaburo Oé, José Saramago, o de las ciencias, como Federico Leloir y César Milstein. Es innegable el carácter político que con el paso del tiempo fue adquiriendo el premio Nobel. Pero estamos seguros de la perplejidad de Bertha Kinsky, la autora del célebre panfleto antimilitarista "Abajo las armas", ante la designación de figuras como Menahem Beguin, Anwar El Sadat, Henry Kissinger y ahora el presidente de Estados Unidos, Barack Obama. La base de Guantánamo permanece intacta y repleta de prisioneros que fueron sometidos a tortura, el bloqueo contra el pueblo de Cuba se mantiene para beneficio de demagogos y especuladores, los ataques contra poblaciones civiles en Afganistán persisten, la ocupación de Irak también. Estas y otras cuestiones como el muro en la frontera con México o la Cuarta Flota acosando a Sudamérica deberían haber sido suficiente argumento para no enlodar aún más al premio Nobel de la paz. Mujeres como la guatemalteca Rigoberta Menchú Tun, la colombiana Piedad Córdoba y también las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo son ejemplos de solidaridad, de altruismo, de contribución a la justicia y la libertad de los pueblos. El Nobel a Obama es un sarcasmo que muestra el talante decadente de los tiempos que corren.

Carlos A. Solero, Profesor de Sociología de la UNR