Viernes 19 de Abril de 2013
Ya van para seis años, se fue el 19 de julio de 2007 y muchos dicen que murió, pero como está aceptado que sólo mueren los olvidados, estoy convencido que el Negro Fontanarrosa sigue con nosotros, con su humildad, con su enorme talento, con su pasión por el fútbol, los amigos y Rosario. Para confirmar esta apreciación, su figura sencilla ha vuelto a rondar por estos días en las librerías junto a Inodoro Pereyra, Mendieta y a sus cuentos reeditados. Recuerdo que cuando alguien le preguntó por qué se quedaba en Rosario, él dijo que era una decisión compartida con un millón de personas y eso esta ciudad no lo ignora. El Bernardino Rivadavia ahora lleva su nombre, pronto también un espacio público y creo que la estatua de El Cairo anda con ganas de sentarse con la del otro Negro, en un banco cerca de Sunchales, o en alguna placita de Alberdi, o en la popular del Gigante. Quienes alguna vez compartimos algunos de sus trabajos, quienes lo trataron en las diversas redacciones, quienes recibieron un cariñoso dibujo dedicado o quienes aún conservan como reliquias sus almanaques, libros o ilustraciones, están seguros que el Negro seguirá vivo a través de sus trazos, de sus personajes y de su estilo que lo igualan o superan al de fray Mocho, Lino Palacios o Quino. A veces Rosario suele ser ingrata con sus hijos que triunfaron fuera de la ciudad, pero no en este caso porque es imposible ignorar el valor de los artistas que se quedaron y porque los grandes y humildes como vos, Roberto Fontanarrosa, son capaces de hacer reír y pensar como nadie sin necesidad de estar en Capital Federal, una sutil y rara virtud. Sin exagerar, creo que un Dios escritor y con sentido del humor guió tus manos en el tablero o en la Olivetti, por lo cual es difícil que quede en esta ciudad alguien que desconozca tu obra, pero por las dudas, esta carta busca despertarlo.
Omar Pérez Cantón
operezcanton@hotmail.com