Edición Impresa

El mundo está en peligro

En foco. El avance de Donald Trump en las primarias del Partido Republicano ha puesto en alerta a los grandes grupos económicos y de poder en todo el mundo porque apareció un personaje impredecible que podría convertirse en presidente de los Estados Unidos. Desde el establishment quieren pararlo pero aún no lo logran.

Sábado 02 de Abril de 2016

Hace unos meses, un diplomático norteamericano de primer nivel sostenía al autor de este artículo que Donald Trump no ganaría las primarias del Partido Republicano norteamericano y en caso que lo hiciese, sería derrotado por Hillary Clinton en las elecciones generales.

La primera definición va camino a no cumplirse porque el magnate norteamericano tiene posibilidades, no definitivas aún, de alcanzar el número de 1.237 delegados necesarios, de un total de 1.459, para llegar en julio a la convención del partido con la nominación presidencial bajo el brazo. Sobre la segunda, todavía es prematuro arriesgar un resultado porque una vez que cierren las primarias, en junio próximo, restan varios meses hasta noviembre cuando las elecciones generales develarán quién será el presidente número 45 de los Estados Unidos tras ocho años de mandato de Barack Obama.

En los sectores de poder económico y político del país están muy preocupados por la irrupción de Trump quien, con sus 69 años y una fortuna estimada en 4 mil millones de dólares (él dice que los medios especializados lo subvaloran porque en realidad cuenta con 9 mil millones), se muestra como un político sin compromisos que financia su propia campaña electoral. El problema no es tal vez el lenguaje belicoso de Trump sino lo impredecible de sus políticas y el efecto que eso tendría en los negocios de los grandes grupos que siempre han contado con un poder de lobby poderoso.

No hay más intranquilidad para el capital financiero internacional y para los grandes emporios industriales multinacionales que las turbulencias políticas, no ya en un tercer mundo agobiado por ellas desde siempre, sino en la primera potencia mundial, un ejemplo de democracia doméstica, con las excepciones de los cuatro asesinatos presidenciales en su historia como Nación independiente: Abraham Lincoln en 1865, James Garfield en 1881, William McKinley en 1901 y John Kennedy en 1963.

Krugman. El premio Nobel de Economía Paul Krugman, en una de sus habituales columnas para "The New York Times", que tituló "Trump no es un accidente", sostiene que el ascenso del multimillonario en la política de su país es producto de años de insinuación de los republicanos de que los demócratas son antiestadounidenses, cuando no traidores, y que el presidente es un ateo islámico nacido en Kenia y amigo de terroristas, entre otras cosas. "Trump convirtió esas insinuaciones en gritos perfectamente audibles EN_DASHdice KrugmanEN_DASH y por eso el establishment está siendo destruido por el monstruo que creó". Y todavía Krugman fue más allá: "El Partido Republicano hace décadas que alienta y saca provecho de la furia que ahora lleva a Trump a la candidatura. Esa furia estaba destinada a salirse del control del establishment tarde o temprano. Su partido dejó que ocurra, no fue una casualidad", explica.

Washington Post. Tanto se salió de control, incluso dentro de la misma plutocracia que Trump representa, que el diario "The Washington Post", uno de los más influyentes en la Casa Blanca y en todo el país, tuvo que salir hace unos días a fijar su posición y la del sector que representa. No lo hizo a través de una nota firmada por alguno de sus columnistas, sino en un artículo editorial (que no lleva firma porque representa la opinión del diario), donde llamó, casi desesperadamente, a ponerle freno a Trump.

El editorial, titulado "Líderes republicanos, tienen que utilizar todo su poder para detener a Trump", comenzaba con una frase casi melancólica: "Lo impensable está empezando a parecerse a lo inevitable", y continuaba así: "La historia no verá con buenos ojos que los líderes republicanos no hagan todo lo que esté a su alcance para evitar que un demagogo se convierta en su abanderado. Un partido político, después de todo, no está destinado a ser simplemente una colección de consultores, grupos de presión y de funcionarios en busca de puestos de trabajo. Se supone que tienen principios: en el caso republicano, al menos siempre se ha entendido que incluían el compromiso de un gobierno eficiente, el libre mercado y un debate abierto."

Pero el diario no sólo se quedó en lo enunciativo, y no dejó dudas de lo que piensa sobre Trump: "No tiene una agenda creíble ni adecuada experiencia. Quiere que Estados Unidos cometa crímenes de guerra, incluido la tortura o muerte de familiares inocentes de sospechosos de terrorismo. Admira al dictador ruso Vladimir Putin. Quiere deportar a once millones de personas, un movimiento forzado a una escala no vista desde Stalin o Pol Pot. Durante su campaña ha denigrado a mujeres, judíos, musulmanes, mexicanos, gente con discapacidades y a muchos otros más", argumenta el periódico norteamericano.

En China. También la prensa oficialista china está observando el fenómeno de Trump con preocupación. En un editorial publicado hace unos días por "The Global Times", un diario editado en inglés y que refleja la opinión del gobierno comunista, califica al magnate como "un rico narcisista, provocativo y con comentarios racistas y extremistas". El editorial sostiene que los seguidores de Trump son mayormente blancos de clase baja perjudicados por la crisis financiera de 2008 y por eso recuerda que Mussolini y Hitler llegaron al poder a través de elecciones, "una dura lección para las democracias occidentales".

Después del triunfo de Trump en el Estado de Florida, con lo que afianzó su nominación presidencial, el mismo diario recoge la opinión de expertos en relaciones internacionales de Pekín. Aseguran que el triunfo de Trump muestra el descontento y frustración de muchos votantes por los efectos negativos de la globalización y los cambios tecnológicos, pero "ellos prefieren la teoría de Trump de culpar a países como China". También creen que "la creciente brecha entre ricos y pobres es la razón fundamental del proteccionismo en Estados Unidos" y aseguran que el enojo de ciertos sectores norteamericanos con China se origina "en las dificultades sociales de los americanos".

No debe ser fácil digerir en China las promesas de campaña de Trump en cuanto a la relación bilateral entre ambos países. El multimillonario viene prometiendo que si es electo presidente "China se dará cuenta que Estados Unidos está de regreso en el liderazgo mundial de los negocios" y que los días de la "manipulación de la moneda y el engaño se acabarán", además de proponer un impuesto del 45 por ciento a las importaciones chinas a partir de enero próximo si asume como presidente.

Si todas estas amenazas se llegasen a cumplir, China tendría con qué contestar, ya que es el principal tenedor extranjero de bonos de la deuda norteamericana. Si comenzara a vender en masa esos bonos del Tesoro estadounidense (a mediados de año pasado sumaban 1,27 billones de dólares) el descalabro financiero internacional sería de una magnitud impredecible, incluido para la Argentina, que se apresta a emitir deuda por millones de dólares para cerrar su default.

También Trump se manifestó proclive a que Japón y Corea del Sur fabriquen sus propias armas nucleares en lugar de depender de Estados Unidos para su protección frente a Corea del Norte y China. Es decir, el comienzo de una nueva carrera mundial por el poder nuclear.

En México. Ni siquiera con su principal socio comercial latinoamericano, México,Trump tiene una mirada que no sea la del enfrentamiento más brutal. "Los mexicanos nos traen la droga, el crimen y son violadores", dijo hace unos meses, tras lo cual prometió construir un muro en la frontera que se lo quiere hacer pagar a los mexicanos. El primero que salió a responderle fue el ex presidente mexicano Vicente Fox y en inglés, para que no haya duda en la traducción: "I am not going to pay for this fucking wall" (no voy a pagar ese maldito muro), dijo para agregar: " Trump es un fanfarrón, presumido, ignorante que no tiene idea de lo que es sentarse en la silla presidencial por lo que seguir a un falso profeta por el desierto sin saber a dónde llevará a esa Nación es peligrosísimo".

En ninguna parte. Ni en Asia, ni en América latina, ni seguramente en Europa la figura de Trump pasa desapercibida y convoca repudios de toda clase. La demócrata Hillary Clinton representa para los grupos de poder político y las grandes corporaciones internacionales el reaseguro de una administración en los límites de la normalidad, aunque eso no signifique un freno a la profundización de la crisis de la globalización ni la distensión en áreas críticas del planeta.

Sin embargo esa no parece ser, por ahora, la voluntad del pueblo norteamericano, al menos todavía el de una franja política, que parece haber encontrado un líder que represente sus deseos más primitivos y virulentos. Trump maneja al público como un gran showman y ajustada locuacidad y gestualidad oratoria. Hay que ver sus discursos por televisión para advertir el buen dominio que tiene de la comunicación con la gente y cómo le dice a cada uno lo que quiere escuchar, tal vez sensaciones y deseos mantenidos reprimidos por años.

No hay dudas de que el mundo está más en peligro que nunca.

¿Te gustó la nota?

Dejanos tu comentario