Martes 16 de Abril de 2013
Con el título de la presente leí en esta sección de La Capital la carta del lector Roberto R. Sánchez, a la que con todo respeto me permito agregar algunos párrafos. El caballo en la Argentina tiene dos monumentos y dos tumbas. Estatuas ecuestres en Estados Unidos, México, España y en otros países. La historia antigua y más famosa que los recuerde es la de Gato y Mancha, que junto a su jinete y dueño, el suizo Aimé Félix Tschiffely tienen su tumba en la estancia "El Cardal" (provincia de Buenos Aires). Aclaro que la réplica de estos animales en el museo de Luján, es su cuero rellenado. El 25-04-1925 Tshiffely salió desde Buenos Aires con sus dos pingos. Después de un recorrido de 5.500 kilómetros llegó a Nueva York el 28-08-1928… "mozo jinetazo ¡ahijuna!", el Fausto de Estanislao del Campo, y agrega el poeta… "caía al bajo al trotecito y lindamente sentado un paisano al Bragado" donde el caballo tiene un monumento sobre un pedestal de cuatro metros de altura. El otro en Vedia, (Bs. As.) donde todos los años desde 1999, auspiciado por la Federación Ecuestre Argentina, los 20 de septiembre se festeja el Día del Caballo. La historia más destacable de este animal por su guapeza, destreza y fidelidad la tiene "Malacara" en su tierra natal, Trevelín (Chubut). En 1865, el presidente Bartolomé Mitre hizo una invitación a quien quisiera poblar la Patagonia. Por tal circunstancia llega a Trevelín con sus padres el galés John David Evans. Allí aprende a andar a caballo, bolear y proveer alimentos a su familia. En 1883 se encontraba perdido en la cordillera, entrevistamente ve un caballo extraviado que reconoce como de propiedad de un vecino al que le habían robado los indios, quienes lo amansaron, le enseñaron a bolear y correr por terrenos accidentados, era Malacara. El 4 de marzo de 1984, de pronto se oyó un alarido indio de guerra que junto a la atropellada comenzaron a matar a la población de la pequeña Trevelín. Evans salva su vida gracias a Malacara. Jinete y caballo se tiran al fondo de un barranco de cuatro metros de profundidad. De un brinco, Malacara se levanta y con su jinete siguen cañadón hacia abajo. Marchan tres días hasta llegar a Rawson, donde Evans deja a Malacara con sus cascos llagados. Pasado un tiempo lo vuelve a buscar y, ya mancarrón, lleva y trae de la escuela a los hijos de su amo. Una mañana de invierno de 1905 viendo Evans que no había comido su ración de cebada, lo busca y lo encuentra muerto. Un resbalón en la nieve lo hizo caer y golpear su cabeza sobre la piedra del molino harinero. Allí lo sepulta, y sobre su tumba le depositó la siguiente lápida en piedra: "Aquí yacen los restos de mi caballo Malacara, que me salvó la vida en el ataque de los indios en el Valle de los Mártires el 4-3-84". John D. Evans.
Roberto Linares / DNI 2.303.332