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El modelo económico chileno muestra un alto crecimiento, pero con desigualdad

El país muestra un Producto Bruto Interno (PBI) per cápita superior a los 22.000 dólares y desempleo del 6 por ciento, pero la clase media gana apenas lo suficiente.

Lunes 18 de Noviembre de 2013

La economía chilena crece a buen ritmo pero arrastra una alta desigualdad social, una gran dependencia de la explotación del cobre y un ajustado suministro de energía, en un escenario que deberá gestionar quien gane la elección presidencial. Como todos los productores de bienes primarios —Chile es el mayor productor mundial de cobre—, el país ya no pasa por el auge de hace unos pocos años, y el presidente entrante encontrará un escenario más ajustado que el saliente.

   Según un informe de la agencia AFP, Chile, de acuerdo a cifras del Banco Mundial, cuenta con el mayor PBI per cápita de América latina, equivalente a 22.362 dólares en 2012, lo que pone al país al nivel de los desarrollados. De hecho, Chile es el único miembro sudamericano del club de los países desarrollados, la OCDE. El estado de las cuentas macroeconómicas de Chile es envidiable: una inflación en torno al 3% anual y un desempleo en su piso más bajo en tres décadas, inferior al 6%.

   El Producto Bruto Interno (PBI) cerraría este año con una expansión de entre 4 y 5%, superando el promedio de América latina y tras alcanzar en 2012 un 5,6%, impulsado por el cobre y un aumento del consumo interno. Al mismo tiempo, el país ostenta el mayor índice de desigualdad social dentro del grupo de naciones de la OCDE. La brecha entre ricos y pobres se arrastra por años, sin que el crecimiento económico sostenido de las últimas décadas haya logrado nivelar los ingresos.

   Existe una clase media fuertemente endeudada, que aún se encuentra muy lejos de los sectores ricos, en un país donde la educación y la salud de calidad se encuentran en manos de privados y tienen precios altísimos. Aún las universidades estatales cobran matrículas muy altas, que se pagan con créditos.

   Chile tiene un índice de pobreza de 14,4%, pero un 50% de la población (de casi 17 millones) gana menos de 500 dólares al mes, apenas suficientes para costear las necesidades básicas. En tanto, el 1% más rico acumula 31,5% de los ingresos totales. “En un país como Chile, que ha crecido mucho y su costo de vida también, el sueldo es muy bajo. Existe lo que llamamos un atraso salarial”, explica a AFP Gonzalo Durán, economista de la Fundación Sol.

   Una mejor distribución del ingreso considera necesariamente “una política pública que aumente la carga tributaria”, en un país con una baja carga impositiva, según Hernán Frigolett, economista de la Universidad de Santiago. Michelle Bachelet promete una reforma tributaria que elevaría la carga en tres puntos del PBI, mayor control de la evasión y elevación gradual del impuesto a las empresas, de 20 a 25%. No incluye aumentar el llamado “canon minero”, que se sitúa entre 4% y 5%, una cifra baja en relación a las que aplican Estados Unidos y Canadá. La candidata del oficialismo, Evelyn Matthei, considera aumentar la recaudación fiscal a través de un mayor control de la evasión, sin un aumentos impositivos.

   Productor de casi un tercio del cobre que se explota en el mundo, Chile se ha beneficiado de un extenso período de altos precios de este mineral, impulsados por la fuerte demanda de China. La minería representa 15,4% del PBI. “Chile es completamente dependiente de la exportación de cobre y minerales. Es la locomotora de la economía, el sector donde existen los mejores salarios, por lo que una desaceleración por baja de precios o de demanda causaría problemas”, asegura el analista Raúl Sohr. Casi todos los proyectos de inversión están destinados al cobre o para otorgarle la energía necesaria. Chile, importador neto de combustibles, requiere aumentar en casi 7% su generación de energía eléctrica para alimentar fundamentalmente a la explotación minera. Pero con una población cada vez menos dispuesta a aceptar la contaminación que generan los proyectos mineros o de generación eléctrica, muchas de esas inversiones están paralizadas por resoluciones judiciales. “Hasta el 2016-2017, no habrá problemas energéticos, pero en años venideros, dependiendo de la producción de energía hidroeléctrica, Chile va a empezar a experimentar estrechez energética”, señaló Raúl Sohr, analista y autor del libro en materia energética “Así no podemos seguir”.

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