Lunes 21 de Marzo de 2011
“Depender de una tecnología absurdamente cara y peligrosa en lugar de consolidar matrices energéticas variadas y más sustentables es suicida. En Japón se asestó un golpe durísimo al mito nuclear, mito que nació del militarismo, la sospecha y la corrupción”, sostiene el biólogo cordobés Raúl Montenegro.
“No estamos exentos de tener un accidente nuclear y no estamos preparados para enfrentarlo. Si los gobiernos no aprenden la lección de Fukushima vamos a repetir sus mismos errores”, indicó el presidente de la Fundación para la Defensa del Ambiente (Funam).
“Las centrales nucleares del nordeste japonés no resistieron la fuerza del terremoto y del tsunami. Pese a las reiteradas garantías de seguridad que declamó la autoridad nuclear de Japón y los operadores privados, las estructuras, funcionamiento y dispositivos de emergencia res colapsaron. Se potenciaron entre sí numerosas crisis: destrucción masiva, mortandad, miles de heridos, redes viales deterioradas, interrupción en el suministro de combustible, electricidad y alimentos, problemas de transporte, comunicaciones defectuosas y réplicas sísmicas”, resaltó el profesor de Biología Evolutiva en la Universidad Nacional de Córdoba.
“La preparación de la sociedad civil para enfrentar terremotos, tsunamis y accidentes tecnológicos explica por qué no hubo centenares de miles de muertos en una región tan poblada. Pero las últimas décadas no lograron advertir que concentrar muchos reactores nucleares sobre superficies pequeñas y cercanas a grandes centros poblados era un despropósito”, resalta el premio Nobel Alternativo 2004, por sus trabajos en ambientalismo.
Además remarcó que “no se controla adecuadamente a los reactores nucleares de Embalse y Atucha I, donde no se preparan a las poblaciones para un posible accidente”.