El misterio de la Navidad
La idea de que Dios se hizo hombre para que así, en una perfecta materialización, comprobara de manera experimental lo que era ser uno de los seres que él mismo había creado...

Jueves 24 de Diciembre de 2015

La idea de que Dios se hizo hombre para que así, en una perfecta materialización, comprobara de manera experimental lo que era ser uno de los seres que él mismo había creado, es una idea tan fantástica como maravillosa. Sabemos de científicos que se han inoculado (en su propio cuerpo) vacunas o medicamentos que ellos mismos habían descubierto demostrando así la confiabilidad y eficacia de estas sustancias, pero esto planteado en cuanto a Dios hecho hombre es infinitamente más inmenso, más amplio y más profundo. Por un lado, Dios demostraba de manera vivencial que lo que él había creado estaba bien hecho (ya que Jesús probó que el hombre podía ser perfecto), y por otro lado, él mismo al participar de nuestras debilidades, dolores y carencias, pudo llegar a comprendernos absolutamente. Su oferta de perdón y redención se hace ahora más cercana y real, manifestando su carácter amoroso de quién no se desentiende de lo que él mismo crea. Aparte, como lo que él hace no es una representación, simulacro o ensayo, hay un emparentamiento real entre él y nosotros. Jesús es ahora tan "El hijo de Dios" como "El Hijo del Hombre", así como nosotros somos aceptados por su Gracia como hijos de Dios, siendo Dios el Padre de toda la familia celestial en el cielo y en la tierra. Tanto la Navidad, la crucifixión como la resurrección, son maravillas de estos misterios, donde somos incluidos y afectados de manera decisiva y eterna. El nacimiento de Cristo es nuestro nacimiento, su muerte nuestra muerte y el pago de nuestra culpa (ya que nosotros éramos condenados a muerte por la Justicia Divina), su resurrección y ascensión es nuestra vida, vida eterna de una nueva naturaleza y otra dimensión.

Guillermo Alonso
Cosquín (Córdoba)