Domingo 06 de Noviembre de 2011
La semana pasada, el mundo entero se conmovió al enterarse del hallazgo con vida de una nena de apenas 15 días, que estuvo dos días bajo los escombros. Los medios de comunicación no dudaron en titular la noticia como un milagro. Y sí, todos nos alegramos del milagro de la vida. Sin embargo en nuestro país, hoy se debate sobre el aborto. Escuché que un diputado dijo que entre las lecturas posibles está la religiosa. En mi opinión, antes que una temática religiosa, se trata de un tema humano, del primer derecho humano: el de vivir. Por eso me pregunto dónde están las asociaciones de derechos humanos, que piden justicia por crímenes de hace más de 30 años (y está muy bien que lo hagan) pero ¿y el genocidio de hoy? Me pregunto también ¿dónde están las asociaciones de derechos de los animales, que trabajan por los caballos o los perros callejeros (y está muy bien que lo hagan) pero ¿y los niños en situación de calle o aquellos que ni siquiera dejan nacer? Viene a mi mente la pregunta para saber ¿dónde están los ecologistas o los vegetarianos que se ocupan del alma de los bosques o la vida de los pollos? (y está muy bien que lo hagan) pero ¿y el alma y vida de tantos niños? Y por qué no preguntarse también por los juristas que se preocupan por las leyes del debido proceso y la presunción de inocencia (y está muy bien que lo hagan) pero ¿y la situación de estos niños que también son inocentes? Y como estas, tantas otras preguntas. Termino con las palabras que un profesor me dijo una vez: "la calidad de una sociedad se mide por el lugar que ocupan en ella los más débiles". Todos acordamos que para tratar la ley del aborto es necesario escuchar todas las voces pero sepamos que hay voces que jamás serán escuchadas.